La crisis provocada por la pandemia del Covid-19 agrava las desigualdades ya existentes en el mundo y en los países desarrollados, y reducirlas será uno de los grandes desafíos del futuro, alertan economistas, dirigentes políticos y empresarios.

“Las epidemias tienden a hacer que el mundo caiga inclinado. Son de alguna manera una especie de acelerador y un revelador de debilidades”, señaló el economista Pierre Dockes, profesor emérito en la universidad de Lyon 2, durante los Encuentros Económicos de Aix-en-Seine en París, que se celebraron el pasado fin de semana.

La pandemia afectó, sobre todo, a las personas con empleos poco cualificados y tuvieron que seguir trabajando para hacer funcionar los comercios alimentarios, los depósitos de los gigantes del comercio electrónico.

“Todas estas personas que continuaron trabajando pese a los riesgos (...) son, finalmente, gente de clases inferiores”, subrayó Mark Stabile, investigador en la escuela de negocios Insead, especialista en desigualdades.

En los países desarrollados, las políticas de austeridad después de la crisis del 2008 “redujeron la calidad de los servicios públicos en el sector de la salud, por ejemplo, y el apoyo a gente necesitada, sin empleo”, haciendo que hoy sea más vulnerable, precisó.

Para Pierre Dockes, países como India o Brasil podrían observar un parón en el avance del nivel de vida de sus clases medias con respecto a las de los países occidentales.

Pero otra desigualdad generada por el Covid-19 es la que se da entre generaciones y habrá que tener cuidado, estimó la economista Elsa Fornero, exminsitra de Trabajo en Italia entre el 2011 y el 2013.

Si bien “las generaciones mayores pagaron el precio más alto en términos de vidas humanas, (...) las consecuencias económicas, las medidas de confinamiento —por ejemplo con el cierre de las escuelas— han dejado a los niños, adolescentes, fuera del sistema educativo”, lo que “puede tener consecuencias a largo plazo sobre su incorporación a la economía”, precisó.

Estudios realizados tras la crisis del 2008 mostraron que las generaciones que tuvieron dificultades para entrar en el mercado de trabajo durante la crisis nunca recuperaron su retraso.

Para los expertos, además de la reactivación económica para impulsar el crecimiento, hay que crear soluciones al incremento de estas desigualdades.

Algunos economistas, como Gabriel Zucman, abogan por un sistema fiscal excepcional para los más ricos, con base al modelo de la experiencia alemana después de 1945.

Alemania “eligió imponer retenciones temporales y muy progresivas a las grandes fortunas”, al contrario que Francia y Reino Unido que prefirieron dejar correr la inflación para reducir la deuda, explicó.