Si bien todos podemos estar de acuerdo en que lo que necesita este país es de un fuerte impulso a la creación de empleos que nos permitan crecer en lo familiar y como nación, existen muchos caminos para poder conseguirlo, por lo que el tema amerita tomarlo seriamente en las instancias correspondientes.

Pero, ¿qué tipo de reforma es la que necesitamos? Basta citar el lamentable hecho ocurrido en Salinas, Coahuila, donde una empresa minera había iniciado operaciones sin la autorización correspondiente por parte de la Secretaría de Economía y sin cumplir con las leyes laborales adecuadas para este tipo de organizaciones.

Hoy se sabe que se contrató a menores de edad, que no se ofreció ningún tipo de prestación para los mineros, no hubo sistemas de seguridad ni equipamiento mínimo durante las extenuantes jornadas de trabajo que desempeñaban estos trabajadores en el inframundo que significa una mina.

Lo desafortunado es que en estos lugares, el mercado laboral es tan pequeño que las condiciones de contratación son tan deplorables que sólo aquellos con mayor necesidad y menos posibilidades de movilidad son quienes forzosamente aceptarán estas condiciones. Las condiciones de trabajo son tan miserables que los patrones abusan de los trabajadores ante la falta de opciones.

Otro ejemplo lo tenemos con el retroceso que algunos sindicatos tratan de imprimir al desarrollo de sus empresas, actuando muy a menudo en perjuicio de sus miembros con la bandera de la defensa de los derechos del trabajador.

Peor aún cuando sus expresiones democráticas frenan el desarrollo humano, como es el caso de los sindicatos de profesores que gustan de suspender clases ante alguna inconformidad política.

La organización de trabajadores es más importante hoy que hace 30 años, pues las condiciones laborales se han visto negativamente afectadas para los trabajadores, no así para los patrones y los talentos de las organizaciones.

Recuerde ahora al Sindicato de Electricistas y al de Pemex y sus cuestionables expresiones democráticas, unos ante la desaparición de la empresa y otros en su comportamiento en tiempos electorales.

Los objetivos de éstos no son la mejoría de las condiciones laborales del conjunto de agremiados ni del país, sino de los beneficios que tienen sus dirigentes.

Abusos de los patrones y de los trabajadores es lo que se ha ejemplificado, aspectos opuestos que ya no caben en este mundo competitivo.

La nueva ley laboral debe contribuir a resolver estos extremos que en nada benefician a trabajadores, patrones ni al país.

*Pablo Pérez Akaki es profesor de tiempo completo en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, UNAM.

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