Coincidiendo un año más con el inicio del Foro Económico Mundial de Davos —que reúne a los más ricos entre los ricos—, además de lideres mundiales, la organización no gubernamental Oxfam publicó su estudio sobre la situación de la desigualdad económica en el mundo, encontrando que la riqueza está cada vez más concentrada en menos manos, luego de que en el 2017 unas 43 personas poseyeran las misma riqueza que 3,800 millones de personas, en el 2018 el número de miembros de este selecto grupo se redujo a sólo 26 personas.

En el mismo periodo, que va de 2017 a 2018, la riqueza de los “milmillonarios” —término que designa a quienes poseen una fortuna que supera los 1,000 millones de dólares— en el mundo se acrecentó a un ritmo de 2,500 millones de dólares diarios, hasta sumar 900,000 millones de dólares, al tiempo que 3,800 millones de personas de entre los más pobres de la población mundial perdieron 11% de su “riqueza”.

Para Oxfam, la razón de la alta concentración de la riqueza en unos pocos, y su correlato, el aumento del número de personas sumida en la pobreza es clara: las políticas económicas de los gobiernos del mundo que han favorecido a los capitales en detrimento de los pobres. “Nuestros actuales Gobiernos se enfrentan a un dilema decisivo: trabajar para que todas las ciudadanas y ciudadanos tengamos una vida digna, o mantener la extrema riqueza de unos pocos”, sentencia el estudio, titulado “¿Bienestar público o beneficio privado?”.

En el estudio, Oxfam propone para revertir la tendencia global de la alta concentración de la riqueza y el aumento de la pobreza gravando la riqueza y el capital a niveles justos, acabar con los programas de baja en los impuestos sobre la renta empresarial y de las personas físicas —como hizo el presidente Donald Trump en Estados Unidos, país con altos índices de desigualdad—, y terminar con las políticas de privatización de los servicios públicos, aumentando la inversión pública en programas destinados a mejorar las condiciones de vida de todos los pobladores.

“Los Gobiernos deberían centrar sus esfuerzos en que, a través de los impuestos, los más ricos aporten más recursos que permitan luchar contra la desigualdad”, se lee en el estudio, y como ejemplo, Oxfam pone el caso de que con un incremento de tan solo 0.5% adicional en el tipo del impuesto que grava el patrimonio de los más ricos, se recaudarían lo suficiente para financiar el acceso a la educación de 262 millones de niñas y niños que actualmente están sin escolarizar y para proveer servicios de atención sanitaria que salvarían la vida de 3.3 millones de personas.

Para la organización no gubernamental, el que los gobiernos permitan a los ricos y las empresas tributar menos de los que les corresponde es una causa de la desigualdad, y la prevalencia de esta situación sólo la profundiza. Al recaudar menos impuestos por parte de las fortunas y las empresas, los gobiernos deben imponer un mayor peso fiscal sobre el resto de la sociedad y recortar el gasto en sanidad, educación y otros servicios públicos y mecanismos de protección social que permiten reducir la desigualdad, explica el estudio.

Desigualdad histórica

“Entre los muchos efectos conocidos de la desigualdad en una sociedad están el malestar social, la disminución de la salud, el aumento de la violencia y la disminución de la solidaridad”, es una de las conclusiones a las que llega un artículo publicado por la revista Nature en 2017, y que es el estudio más grande sobre la desigualdad en la historia de la humanidad, al incluir en su análisis a sociedades desde los tiempos prehistóricos hasta los tiempos modernos. El estudio revela las condiciones sociales y económicas que han dado lugar a la desigualdad.

Realizado por académicos de diversas disciplinas que realizan investigación en universidades de Estados Unidos, el estudio Greater post-Neolithic wealth disparities in Eurasia than in North America and Mesoamerica encontró que "la civilización tiende a moverse hacia la desigualdad a medida que algunas personas obtienen los medios para hacer que otras sean relativamente pobres, y la emplean".

El puntaje más alto histórico de Gini fue en una sociedad de la antigüedad como la romana, con un índice de desigualdad de .59.

Encontraron que las sociedades comienzan siendo relativamente iguales, con un coeficiente de Gini de .17. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y donde el valor 1 se corresponde con la perfecta desigualdad (una persona tiene todos los ingresos y los demás ninguno).

Según el estudio, los signos de desigualdad aparecen cuando los humanos comienzan a domesticar plantas y animales. La transición a sociedades basadas en la agricultura introdujo el concepto de propiedad de la tierra y la clase resultante de campesinos sin tierra. La propiedad de la tierra facilitó la acumulación de riqueza, ya que se comenzó a transmitir de generación en generación. A medida que las sociedades agrícolas crecían, desde los pequeños productores hortícolas a las sociedades agrícolas a gran escala, la mediana de Gini creció de .27 a .35. El puntaje más alto histórico de Gini fue en el Mundo Antiguo (como Roma) en .59.

En la actualidad, países como México están muy por arriba de los índices de desigualdad promedio de las sociedad de la antigüedad. Según datos de la Cepal del 2017, México presentaba un coeficiente de Gini de 0.79.

Pobreza extrema y desigualdad en México

Cifras de la OCDE indican que México es de entre sus afiliados el país con la mayor desigualdad, en una proporción que indica que el 10% de la población más rica gana 20 veces más que el 10% más pobre.

Por su parte el Coneval señaló en su “Informe de evaluación de la política de desarrollo social 2018” que la cifra de personas en la pobreza alcanzó en 2014 su cima: 55.3 millones de mexicanos pobres. Para el 2016 el número disminuyó a 53.4 millones de personas.

Ante las cifras, el Coneval en el comunicado se mostró crítico y pesimistas ante la política de desarrollo social: “En consecuencia, la desigualdad en la distribución del ingreso se ha mantenido elevada y no se observan factores económicos, como una mejora en la productividad, que permitan suponer un cambio en esta tendencia”.