La nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, parece condenada a gestionar el próximo lustro con una de las partidas presupuestarias más austeras en la historia reciente de la Unión Europea (UE).

La presidencia semestral de la UE ha propuesto este lunes un marco presupuestario para el 2021-2027 que recorta sensiblemente la propuesta inicial presentada por el anterior presidente de la comisión, Jean-Claude Juncker.

El tijeretazo asciende a 50,000 millones de euros y más de un tercio de ese recorte se haría a costa de los fondos estructurales. Las cifras presentadas por Finlandia, país que ocupa la presidencia del Consejo de la UE, serán la base del regateo final, que se iniciará en la cumbre europea de la próxima semana y que se espera concluir con una cumbre extraordinaria en febrero.

La batalla final enfrentará a los países receptores de fondos de cohesión y agrícolas (España y Francia, entre ellos) con los contribuyentes netos (con Alemania y Holanda a la cabeza). Pero sea cual sea el resultado, todas las fuentes auguran unos presupuestos menguantes en relación con el periodo actual (2014-2020).

La propuesta presentada este lunes fija en 1.08 billones de euros los compromisos presupuestarios para el próximo septenio, una cifra equivalente a 1.07% de la Renta Nacional Bruta de la UE. La comisión anterior había planteado 1.11%, cantidad que ya suponía una rebaja sobre el presupuesto actual (1.16%) de los 27 socios de la UE, descontando la participación del Reino Unido.

Los contribuyentes netos aspiran a que los fondos caigan hasta 1%, cifra que tanto para la comisión como para el Parlamento Europeo resulta inaceptable dada la necesidad de financiar nuevas políticas comunitarias (como defensa o migración).

Por primera vez, el documento del Consejo Europeo detalla el reparto de las partidas.