La tasa anual de inflación de la zona euro se situó en abril en 1.2%, una décima por debajo del dato del mes anterior, como consecuencia de un menor incremento de precios de los servicios.

Concretamente, los servicios se encarecieron 1%, frente a 1.5% de marzo, según el dato preliminar publicado por Eurostat.

La cifra es dos décimas inferior a la estimada por los analistas consultados por el proveedor de servicios financieros Factset y está lejos del objetivo del Banco Central Europeo (BCE) de una inflación cercana a 2 por ciento.

La institución monetaria con sede en Frankfurt, Alemania, considera que una inflación ligeramente inferior a 2.0% anual es un signo de buena salud económica, ya que corresponde a la definición de estabilidad de precios.

Entre los principales componentes del índice, la energía experimentó en abril una variación de 2.5% anual, medio punto más que en marzo, mientras que los alimentos frescos se encarecieron 1.5%, frente a 0.8% del mes anterior.

De este modo, sin tener en cuenta el impacto de la evolución de los precios de la energía, la inflación de la zona euro se situó en abril en 1.1%, frente a 1.3% de marzo, mientras que al excluir también los alimentos frescos, los precios subieron 1.1%, dos décimas menos que el mes anterior.

Asimismo, al dejar fuera del cálculo el precio del alcohol y el tabaco, además de la energía y los alimentos, la inflación subyacente de la eurozona se debilitó a 0.7% desde 1% de marzo.

NUEVO DOLOR DE CABEZA PARA EL BCE

Los datos sobre inflación de la zona euro propician una serie de datos que apuntan a un enfriamiento de la economía y dificultando, tal vez, que el BCE frene su copioso estímulo monetario más adelante en el año.

Esta situación se produce en un momento sensible para el BCE, mientras sus autoridades debaten si ponen fin este año a un programa de compra de bonos por 2.55 billones de euros (3.1 billones), satisfechos ante un crecimiento saludable que impulsará eventualmente la inflación de vuelta a su objetivo.

Introducidas hace más de tres años para impulsar el débil crecimiento e inflación, las compras de bonos del BCE ayudaron a revivir la economía con un aluvión de dinero barato. El programa tiene previsto acabar a fines de septiembre, pero las autoridades de la entidad decidirán durante el verano boreal si lo cierran tras varias extensiones.

Pese a las medidas, la inflación no ha subido en los últimos años de acuerdo con las expectativas y en abril tampoco cumplió con la predicción del Banco Central Europeo de una tasa “en torno” a 1.5% para el resto del año.

Quizá, lo más preocupante para el BCE es que todas las medidas de la estrechamente vigilada inflación subyacente cayeron, indicando que las presiones siguen débiles a pesar del robusto crecimiento del empleo y un saludable acuerdo de salarios en Alemania, la mayor economía del bloque.

El economista jefe del BCE, Peter Praet, dijo que la desaceleración llegó antes de lo esperado, aunque minimizó el impacto de los datos. “No podemos declarar ‘misión cumplida’ en el frente inflacionario, pero hemos hecho progresos sustanciales en el camino hacia un ajuste sostenido en la inflación”, afirmó.