El sector bancario duda de la efectividad del escalonamiento de la tasa de depósito y las nuevas inyecciones de liquidez como vías para aliviar el impacto que le suponen unas tasas de interés más negativas.

La rentabilidad de los bancos está en peligro. Así se lo han hecho saber las entidades al Banco Central Europeo (BCE) a través de las citas que mantiene la autoridad monetaria con los distintos miembros del mercado. El sector está preocupado por la rebaja de la tasa de depósito que, casi con toda probabilidad, comunicará la institución que preside Mario Draghi en la cumbre de política monetaria del próximo 12 de septiembre.

En apenas unas semanas, la penalización que el BCE impone al dinero que se deja aparcado en Fráncfort pasaría de -0.4% a -0.6%, siempre atendiendo a lo que descuenta el mercado. Se trata de uno de los varios elementos que conformarán el paquete de estímulos que el organismo europeo quiere poner sobre la mesa para revitalizar la maltrecha economía europea y elevar una inflación que no termina de encaminarse al objetivo de cerca, pero por debajo de 2 por ciento.

“La caída de la curva de las tasa de interés exprimirá el margen de interés neto de la banca. Esto será así porque los depósitos a particulares han alcanzado un suelo en 0%, mientras que las rentabilidades de los préstamos y los activos no”, explican algunas de las entidades con las que se ha reunido el BCE.

Aunque se ha especulado mucho en los últimos meses con la posibilidad de que las entidades empiecen a cobrar por los depósitos a particulares, en el sector se entiende que no es algo fácil y, sobre todo, ninguno quiere ser el primero. En España hasta ahora todas las entidades han descartado esa posibilidad salvo Sabadell. En la última presentación de resultados, Jaime Guardiola, consejero delegado del banco, señaló que, si bien creía que no iba a llegar a particulares, “el paradigma es de tal calibre, que quizá pueda visualizarse en algún momento”.

Desde que la tasa de depósito entrara en terreno negativo en junio de 2014, el BCE ha cobrado a los bancos europeos más de 20,000 millones de euros por depositar exceso de liquidez. Sólo este año, se estima que el golpe podría ascender a 7,500 millones, y eso sin tener en cuenta que las tasas serán más bajas desde septiembre.