La Comisión Europea (CE) presentó su plan de reforma institucional de la zona euro para reducir el riesgo de crisis y amortiguar su impacto cuando ocurran.

No obstante, este paquete de medidas llega entre el tradicional escepticismo de países del núcleo duro ortodoxo, como Alemania u Holanda.

Hay cuatro ideas básicas en el plan de la Comisión: la creación de una serie de herramientas presupuestarias para apoyar a países en crisis; la incorporación a la legislación comunitaria del Pacto Fiscal aprobado durante la crisis por cada Estado Miembro; la creación de un superministro de Economía del euro y la transformación del fondo de rescate europeo en un Fondo Monetario Europeo.

El Ejecutivo comunitario quiere abrir un debate con los estados miembros para diseñar una hoja de ruta con objetivos concretos. Éste ha comenzado ya a nivel teórico en el seno del Eurogrupo, los ministros de Economía y Finanzas del euro, y la Comisión espera que los jefes de Estado y Gobierno debatan las propuestas en la cumbre que celebrarán la semana que viene en Bruselas.

La idea sería tener cerrada esa hoja de ruta en junio, aunque varias fuentes advierten de que se trata de una fecha optimista y que probablemente no se pueda acordar.

“Tras años de crisis, ha llegado la hora de que tomemos las riendas del futuro de Europa. El fuerte crecimiento económico actual nos anima a avanzar para velar por que nuestra Unión Económica y Monetaria esté más unida, sea más eficaz y democrática y funcione para todos los ciudadanos europeos. El mejor momento para hacer obras es cuando hace buen tiempo”, dijo Jean-Claude Juncker, presidente de la CE.

El plan, del que ha habido algunas filtraciones recientes, ha recibido críticas desde el centro por hacer demasiadas concesiones a la periferia y desde la periferia por hacer demasiadas concesiones al centro. Habitualmente esto suele ser un indicio de que la propuesta es equilibrada, pero eso nunca ha garantizado nada.

El problema del paquete de reformas que ha adoptado hoy el Colegio de Comisarios del Ejecutivo comunitario es que llega en un momento políticamente complicado y que, como casi siempre, absolutamente todo necesita el visto bueno de los estados miembros. Sin embargo, hay varios factores objetivos para augurar una dilución sustancial de las propuestas de la Comisión por parte de los estados miembros.

En primer lugar, porque la propuesta llega con la tradicional mezcla de escepticismo, recelo y renuencia del núcleo duro ortodoxo de la zona euro.

En segundo lugar, el gobierno de Berlín está en funciones desde finales de septiembre y, de momento, sin visos a corto plazo de cerrar una coalición. Es impensable avanzar de forma sustancial en unos acuerdos para reformar el euro sin una canciller con mando y plaza en Alemania.