Agustín Carstens, gobernador del Banco de México (Banxico), afirmó que el país no puede darse el lujo de tener más inflación, con el pretexto falaz de que eso podría estimular la economía.

Durante su intervención en la entrega del Premio Contacto Banxico, aseguró que la inflación es el impuesto más regresivo, y no se debe olvidar el peligro que representa y las consecuencias que provoca su incremento desmedido.

La inflación no es una mera curiosidad histórica, no caigamos en la ingenuidad de pensar que eso podría estimular la creación de empleo, el incremento de los ingresos o de las utilidades de las empresas o que nos daría espacio para aumentar de golpe los salarios sin tomar en cuenta la productividad , sostuvo.

Precisó que con el manejo de la inflación en los últimos 20 años, el país se ha alejado de lo que era una pesadilla que afectaba a los hogares en México, un enemigo voraz que erosionaba sin piedad los ahorros o las pensiones de millones de mexicanos.

Al menos desde 1996 poco después de que el Banco de México obtuviera su autonomía constitucional nuestro país se ha alejado gradualmente, y cada vez más, de la auténtica plaga económica y social que constituye la elevación sostenida y generalizada de los precios; es decir: hace casi 20 años que el abatimiento de la inflación ha sido tarea constante y continua , sentenció.

Carstens destacó que en la primera quincena de noviembre se logró la tasa de inflación más baja en la historia de México, al menos desde 1969, que fue cuando se empezó a medir a nivel nacional. Antes, el indicador que se utilizaba eran los precios al mayoreo de la ciudad de México , agregó.

En ese sentido, el gobernador del banco central comentó que el objetivo en la institución es de una inflación de alrededor de 3.0 por ciento.

Un objetivo (...) es el de cuidar que la moneda que emite (Banxico) conserve su poder de compra, mantenga su valor a lo largo del tiempo , refirió.

Respecto de la depreciación del peso frente al dólar, indicó que hasta ahora ha sido muy bajo el traspaso del tipo de cambio a la inflación, en parte compensado por algunos beneficios de las reformas estructurales y de las telecomunicaciones, como también el precio de la electricidad y el control monetario del Banxico.