En un entorno internacional adverso por la crisis de deuda de algunos países europeos, el gobierno logró que el Congreso tomara medidas tributarias difíciles pero necesarias.

En el 2009, cuando el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 6.1% y los ingresos tributarios se redujeron 10.5%, se logró aprobar un aumento del Impuesto al Valor Agregado (IVA) de 15% a 16%, y de 10% a 11% en la frontera.

Esto representaba recursos adicionales por 30,000 millones de pesos. De manera temporal, la tasa del Impuesto Sobre la Renta pasó de 28% a 30% lo que significaba obtener 43,000 millones de pesos más.

La reforma, vigente desde el 2010, fue motivo de división en los grupos parlamentarios representados en el Congreso, pues para unos, el IVA era intocable.

Ante ello, la Secretaría de Hacienda se adjudicó la paternidad de la medida, ya que también se estaba enfrentando una reducción en el precio del petróleo de 31.7% y una baja en la plataforma de producción petrolera.

Además se creó el IEPS a las telecomunicaciones a una tasa de 3%, que incrementó la recaudación en 5,900 millones de pesos en el 2010.

Dado los buenos resultados, se incrementó la tasa del IDE y también del IEPS de juegos y sorteos, cervezas y bebidas alcohólicas, y se estableció la cuota específica a los tabacos labrados.

Otro paso que causó molestias en el sector empresarial y un fuerte cabildeo en el Congreso fue el tema de la consolidación fiscal.

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