Washington, DC. El secretario de Hacienda, Arturo Herrera, reconoce que en el análisis de la ley de ingresos se incluyó la mayor parte en las observaciones hechas por el sector privado, y dice que, cuando hay un cambio en la forma en que se recauda impuestos, “esto nos puede tomar por sorpresa”.

También afirma que en México la política monetaria todavía tiene espacio de maniobra, “cuando los expertos dicen que los bancos centrales se quedaron sin margen, se refieren a los países desarrollados, donde tienen tasas de interés muy bajas o negativas. El caso de México es diferente, porque tenemos una inflación de 3% y tasas de interés de 7.75 por ciento”.

Eso no quiere decir que no haya mucho trabajo en materia de política fiscal, reconoce el secretario de Hacienda, “necesitamos una política fiscal que esté lista para desplegar una política contracíclica, ahora tenemos algo que es lo contrario: el gasto público se expande cuando la economía va bien y nos apretamos el cinturón en los momentos difíciles”.

Cómo poner en marcha esta política anticíclica, se le pregunta al funcionario: “Precisamente vengo de una reunión, en el marco del Fondo Monetario Internacional (FMI), donde queda claro cómo las economías avanzadas tienen políticas contracíclicas bien establecidas, fundamentalmente ancladas en los llamados estabilizadores automáticos, y países de América Latina, como el nuestro, no. ése es el siguiente paso en materia de política económica, nosotros tenemos toda la intención de tomarnos algunos meses para diseñar esa política.

“Va a requerir cambios de leyes, por eso tenemos que socializarla con los legisladores; también la estamos hablando con instituciones financieras como el fondo monetario, la OCDE y el Banco Mundial, para asegurarnos de que técnicamente es correcta. Necesitamos que los inversionistas y las calificadoras entiendan lo que estamos haciendo (...) y después la estaríamos enviando al Congreso (la iniciativa)”.

Arturo Herrera vivió mucho tiempo en Washington, mientras trabajaba en el Banco Mundial. Ahora, regresó a esa ciudad como secretario de Hacienda. Es su primera reunión anual, en calidad de secretario, aunque ya había estado representando al gobierno de López Obrador en este foro, como parte del equipo de transición y también como subsecretario de Hacienda.

Cambios en la recaudación pueden sorprender

La entrevista con El Economista es el sábado en la mañana y se le ve tenso. Ha tenido una agenda llenísima: además de las reuniones del FMI, ha estado participando en algunas sesiones relacionadas con el T-MEC y con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y en reuniones para dar forma al plan de desarrollo económico para el triángulo norte de Centroamérica y el sur de México. Estuvo casi toda la semana en Washington, pero se mantuvo al pendiente de los detalles de la discusión y aprobación de la ley de ingresos y la Miscelánea Fiscal en la Cámara de Diputados.

—¿Qué balance hace de las discusiones y diálogo con el sector privado, en relación con la ley de ingresos?

—Yo diría que tuvimos una serie de conversaciones muy constructivas. El día previo a mi salida a Washington dimos conferencia con Carlos Salazar, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, y me parece que la mayor parte de los elementos asociados a sus observaciones era que teníamos que informar más de lo que estamos haciendo. También hubo algunos casos en los que tuvimos que afinar algunas cosas e inclusive componerlas. No son diálogos fáciles. Vivimos en en un país donde la recaudación es muy baja, donde muchos mexicanos no están acostumbrados a pagar impuestos. Cuando hay un cambio en la forma en la que se recaudan los impuestos, esto puede tomar por sorpresa a muchos de los actores. Nosotros fuimos muy explícitos en los documentos que acompañaban el paquete en señalar que algunas de las medidas que estábamos planteando ya han sido aplicadas en muchos países, por ejemplo, los grandes despachos de asesoría fiscal ya están informando a las autoridades de sus estrategias de planeación tributaria. No es nuevo para ellos, pero es parte de lo que nos tendremos que ir acostumbrando.

—En este contexto de diálogo sobre temas difíciles con el sector privado, ¿Cómo entender la baja de la inversión privada en México?

—Quisiera señalar que la caída de la inversión del sector privado no sólo es en México, la estamos viendo en el mundo. Hay una caída en inversión del sector privado a nivel mundial. Al interior del G20 se revisaron a la baja los pronósticos de 18 de las economías que lo integran. Es un problema de dimensión global y tiene que ver con la confluencia de dos pendientes: una parte muy importante de la desaceleración observada es por la tensión comercial.

Kristalina Georgieva en su discurso inaugural como directora gerente del FMI dijo que el impacto era equivalente a 700 billones de dólares que es más o menos el tamaño de la economía suiza. Por otra, parte está la dinámica de la economía de Estados Unidos, que lleva 11 años de crecimiento ininterrumpido, pero parece que se está desacelerando. Eso nos afecta porque nuestra economía está altamente relacionada con la de Estados Unidos.

—¿Cuál es su opinión sobre un consejo fiscal independiente?

—Creo que puede haber dos praxis del Consejo fiscal. Está el estándar internacional, que es como opera en Estados Unidos. Se llama el Congressional Budget Office, que es un organismo bicamaral, técnico y considerado apartidista que se encarga de hacer la revisión y provisión fiscal y tributaria y de gasto, etcétera. Me lo preguntaron en el Senado la última vez y les dije que sería una excelente idea y creo que es algo que ellos están pensando. Por otro lado, en el contexto de la política contracíclica que estamos proponiendo, pensamos que necesitamos una especie de consejo asesor que determinara de forma muy objetiva e impecable técnicamente en qué momento del ciclo económico nos encontramos y, con esa opinión técnica, podríamos tomar decisiones sobre cuándo deberíamos ahorrar y cuándo gastar o invertir para dar un empujoncito a la economía.