Durante el 2017 el gobierno federal destinó más de medio billón de pesos al costo financiero de la deuda, que se refiere al pago de intereses, comisiones y amortizaciones de la deuda de ese año y otros anteriores.

De acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a este rubro se destinaron 533,351 millones de pesos, el monto más alto que se haya pagado desde 1990, año hasta donde se tiene registro, y representó un incremento de 6.3%, respecto del 2016.

De estos recursos, 70% fue para pagar intereses del gobierno, mientras que 23% se destinó al pago de intereses de las empresas productivas del Estado y 7% para el saneamiento financiero del gobierno federal.

Los recursos que se destinaron al costo financiero de la deuda son tan grandes que incluso superan el gasto que hicieron cinco dependencias del gobierno durante el 2017.

Entre la Secretaría de Educación Pública, Salud, Desarrollo Social, Trabajo y Prevención Social y la Función Pública registraron un gasto total de 530,396 millones de pesos.

ENDEUDamIENTO, PRINCIPAL CAUSA

José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico, explicó que el alto pago a intereses se debe principalmente al endeudamiento en el que han incurrido los gobiernos desde el 2009.

“Desde el 2009 hasta el 2016, el sector público incurrió en un creciente endeudamiento, empezamos a ver que la deuda comenzó a superar 36% del Producto Interno Bruto (PIB) hasta llegar a 50% del PIB y esto provocó que se incrementara el pago de intereses”, acotó.

Indicó que a esto debe sumarse el hecho de que empezaron a incrementarse las tasas de interés, lo que implicó una presión adicional en el costo financiero de la deuda.

agregó que “el hecho de que la deuda se haya incrementado en más de 10 puntos del PIB implica que se tiene que pagar una proporción mayor de intereses y en estos momentos los incrementos de la tasa de interés en México y en otros países empieza a ser un factor que eleva este pago”.

En cuanto a la volatilidad en el tipo de cambio, comentó que, si bien impacta de alguna forma, no es tan determinante porque la mayor parte de deuda que ha emitido el gobierno desde la crisis de 1995 se ha hecho en pesos.

Héctor Villarreal, director del Centro de Investigación Económica Presupuestaria, explicó que este pago de intereses no es sorprendente, en el sentido de que el gobierno ha incurrido en una estrategia de mayor endeudamiento; el problema, expuso, es que no se tiene claro por qué se endeudó, pues la inversión pública se ha mantenido en niveles muy bajos.

Para el cierre del 2017, la medida más amplia de la deuda se redujo y se ubicó en 46.2% del PIB, una reducción que no se había visto desde hace 10 años.

“Lo que estamos observando es una combinación de tener un país endeudado, en un momento en el que las tasas de interés en México, y muchas partes del mundo, van camino a una normalización (...) Vemos positivo la reducción de la deuda, pero hay elementos para decir ‘cuidado’, porque gran parte de esta reducción se debió por el remanente de operación”, dijo Villarreal.

2018 SUPERARÁ LOS 600,000 MDP

Para este año, la Secretaría de Hacienda prevé que el costo financiero de la deuda sea por 647,500 millones de pesos, monto que representa 2.8% del PIB.

Ernesto O’Farril, presidente de Bursamétrica, consideró que este monto pueda incrementarse ante la posibilidad de que se presenten más aumentos en las tasas de interés, tanto por parte del Banco de México (Banxico), como por la Reserva Federal de Estados Unidos.

Añadió: “ante la posibilidad de que se puedan incrementar más las tasas de interés, es indispensable que el gobierno federal siga reduciendo el nivel de deuda”.

Raymundo Tenorio, economista del Tecnológico de Monterrey, abundó que, de acuerdo con diversos análisis económicos, las tasas de interés promedio a nivel internacional podrían subir entre 1 y 1.25 puntos.

“En México difícilmente las tasas de interés bajarán, como se prevé que la inflación ya no se eleve tanto, Banxico tendría margen para no elevar la tasa”, explicó.

elizabeth.albarran@eleconomista.mx