El nuevo equipo económico del Gobierno brasileño, liderado por Joaquim Levy, podría asumir sus funciones la próxima semana una vez que se tranquilicen las aguas tras la batalla que enfrentó la presidenta Dilma Rousseff para relajar las metas de presupuesto de este año, dijo el jueves un funcionario.

En una acalorada sesión de 17 horas, el Congreso aprobó una legislación que libera al Gobierno de Rousseff de cumplir con su esquiva meta de ahorro fiscal, pero no tuvo el quórum necesario en la madrugada del jueves para decidir sobre una enmienda final que será puesta a votación el martes.

Una fuerte oposición al proyecto por parte de sus rivales y un tibio respaldo de sus aliados resaltaron los desafíos que enfrenta Rousseff, mientras da un giro hacia las medidas de austeridad necesarias para ordenar las finanzas del país y para revivir una estancada economía.

La tardanza en la aprobación retrasó la toma de posesión de Levy, su nuevo ministro de Hacienda, debido a la necesidad de protegerlo de secuelas legales y políticas debido al no cumplimiento de los objetivos presupuestarios.

Levy muy probablemente asumirá su cargo una vez que termine la votación sobre la meta fiscal "para evitar un problema legal", dijo a Reuters el funcionario bajo condición de anonimato.

El nuevo equipo, que incluye a Nelson Barbosa en el Ministerio de Desarrollo y Planificación, podría asumir el jueves o viernes de la próxima semana, aseguró la fuente, y el resto del gabinete lo haría el 1 de enero, cuando se inicia el segundo término del mandato de Rousseff.

Levy trabaja en planes para incrementar los ingresos fiscales que incluyen una mezcla de aumentos de impuestos y la eliminación de exenciones tributarias, aseguró el funcionario.

Las cuentas fiscales se han deteriorado a tal punto que Brasil arriesga terminar el 2014 con su primer déficit primario anual en dos décadas.

Desde que ganó la reelección por un escaso margen en octubre, Rousseff ha prometido una mayor disciplina fiscal y eligió a Levy, conocido por ser un conservador fiscal, para recuperar la confianza de los inversores y evitar una rebaja de la calificación de crédito.

Sin embargo, su Gobierno continúa enviando señales contradictorias. El miércoles, aprobó un préstamo de 30,000 millones de reales (11,700 millones de dólares) al banco estatal de desarrollo BNDES, una transferencia que ha sido ampliamente criticada en el pasado por aumentar la carga de deuda de Brasil.

El proyecto de enmienda permite al Gobierno deducir inversiones en infraestructura y exenciones tributarias para reducir la meta de superávit presupuestario primario a un décimo de su nivel original.

abr