España y otros países grandes como Alemania exigieron en Bruselas una presencia permanente en la cúpula del nuevo supervisor bancario de la zona euro. La propuesta fue rechazada tajantemente por los países más pequeños. Berlín propuso aplazar al año que viene el reparto de poder para no frenar todo el proyecto.

La creación de un Mecanismo Único de Supervisión bancaria (MUS) para toda la zona euro entró en una fase decisiva. Y como suele ocurrir en la Unión Europea cada vez que se crea un nuevo organismo, surgieron profundas discrepancias sobre el reparto de poder. El Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) no lograron resolver el asunto y no se descartó una nueva reunión la próxima semana.

La disputa surgió en torno a la composición y sistema de voto en los órganos de dirección del MUS, un organismo que estará integrado en el seno del Banco Central Europeo pero que se regirá por sus propias normas de funcionamiento.

Los países más poblados, como Alemania o España, quieren garantizarse una presencia permanente en la cúpula del MUS, mientras que los socios con menos habitantes se niegan a ceder sus puestos y reclaman, como mínimo, una rotación igualitaria entre todos los Estados, trátese de Francia, Italia, Malta o Estonia.

La disputa resulta especialmente sensible para todos los Gobiernos, incluido el español que recientemente perdió su presencia en el máximo órgano del BCE. Madrid quiere evitar a toda costa que se repita ese percance y el ministro español de Economía, Luis de Guindos, reclamó que "la composición del comité de dirección [del MUS] refleje el volumen de activos financieros de cada país que quedan bajo supervisión del nuevo organismo".

Ese criterio garantizaría de facto un puesto a España, pues no solo cuenta con algunos de los mayores bancos de la zona euro sino que además será uno de los países cuyo supervisor nacional (el Banco de España) perderá prácticamente todas sus competencias, según el proyecto de reglamento que transfiere la supervisión al BCE.

El último borrador de ese reglamento, negociado en el Ecofin, prevé que el BCE asuma de manera inmediata la supervisión de los bancos con un balance superior a los 30,000 millones de euros así como los que recibieron ayudas indirectas del fondo de rescate de la zona euro. Tras la reestructuración en marcha del sector financiero español, prácticamente el 100% de la banca cumplirá uno o los dos criterios, por lo que pasarán a estar bajo el control del BCE.

El deseo de España o Alemania, sin embargo, choca frontalmente con países como Austria, Holanda, Bélgica o Luxemburgo, que ayer reclamaron un puesto en el comité de dirección.

"Si el comité tiene 22 miembros [uno por país del euro más los cinco del Consejo de Supervisión del MUS] no será posible tomar decisiones", zanjó el titular alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble. Y el mismo ministro recomendó "aplazar al año que viene la decisión [sobre la composición] porque no parece posible superar las diferencias entre, por ejemplo, la posición de Maria [Fekter, ministra de Austria] y yo".

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