En el último año, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha intensificado sus esfuerzos para normalizar su política monetaria. Las tasas de interés se encuentran en un rango de 1.75 a 2% y se esperan dos alzas más para llevarlas al entorno de 2.5 por ciento.

A ello se le suma la reducción de balance del banco central. La Fed ha elevado el volumen de deuda que deja alcanzar su vencimiento sin reponerla y, poco a poco, drena los excesos de liquidez del mercado.

La relación entre los mercados emergentes y la actividad de la Reserva Federal se basa precisamente en dos parámetros: la liquidez y el nivel del dólar.

Los emergentes acostumbran a registrar crecimientos muy potentes. Tanto es así que el despertar de sus economías suele sobrepasar con creces la tasa de ahorro de su población, por lo que se recurre al endeudamiento externo, bonos y préstamos normalmente denominados en dólares. De esta forma, los emergentes asumen el riesgo de tipo de cambio, pues perciben sus ingresos en una moneda diferente a con la que asumen sus cargas.

Si el dólar se aprecia frente a su divisa, y suele hacerlo cuando la Fed sube las tasas de interés, las deudas pueden convertirse en impagables, aunque la economía marche bien.

Por su parte, la liquidez, cuyo peso puede resultar menos evidente que el precio del dólar, es igual o más importante. El mercado tiene años inundado de dinero barato por los estímulos de la Fed, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón, lo que llevó a que los inversionistas a busca de rentabilidades elevadas, dejando de lado los riesgos

El flujo de inversión no se cortaba siempre y cuando estuviera correctamente remunerado y, ante las rentabilidades cercanas a 0% de los mercados desarrollados, los emergentes tampoco tenían la necesidad de pagar cantidades desorbitadas.

Es aquí donde entra en juego la balanza por cuenta corriente, la diferencia entre los ingresos y los pagos en el extranjero. Con la liquidez al máximo, Turquía y Argentina presentaban déficits por cuenta corriente de 6 y de 5% del Producto Interno Bruto, respectivamente. Ahora que los bancos centrales drenan los recursos, los pronósticos se vuelven sombríos.

Esto no quiere decir que los problemas propios de cada región carezcan de importancia, pero sí es cierto que los inversionistas estarán dispuestos a pasar ciertos lunares por alto siempre que Estados Unidos tire del carro. En cambio, un buen manejo de la economía no blinda de las caídas cuando el gigante americano aprieta, como demuestra la depreciación de 13% del rublo este año a pesar de las medidas fiscales y monetarias prudentes que ha adoptado el país.