La llegada de los populistas al poder en Italia aviva los temores en torno a la enorme deuda del país, lo que refleja los peligros que acechan al Banco Central Europeo (BCE) cuando se apresta a endurecer su política monetaria.

“Es el gran problema, que nunca ha sido resuelto” pues Italia es “el único país” muy endeudado “que no ha entrado en un programa estructural”, explicó a la AFP Frederik Ducrozet, economista de Pictet Wealth Management.

Este viernes juró en Italia el primer gobierno de alianza entre un movimiento antisistema y un partido de extrema derecha. Esta perspectiva generó esta semana pánico en el mercado de obligaciones, y se dispararon las tasas de interés de la deuda italiana.

A principios de semana, las tasas de rendimiento a 10 años de Italia subieron a 3.439%, su máximo desde el 24 de marzo del 2014, cuando la diferencia con el Bund a 10 años de Alemania superó los 300 puntos básicos (3 por ciento).

Luego el mercado de la deuda de Italia volvió a destensarse este viernes. Pero ello no impide que se resucite el espectro del Italexit, sobre todo en una Alemania exasperada por la deuda de sus vecinos del sur.

Y no hay comparación posible con las dos crisis griegas (2009-2011 y 2015): la deuda italiana representa una cuarta parte de toda la deuda pública en la zona euro, contra 2.5% para la deuda griega.

El diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung expresó su preocupación por su parte ante el posible “contagio” de la desconfianza en la deuda italiana —130% del Producto Interno Bruto (PIB)— a la de España (98%) o la de Portugal (125%), amenazando luego a la moneda única.

Mal “regalo” de aniversario

Bien habría querido el BCE, verdadero apagafuegos en cada crisis, no tener este “regalo” de aniversario en el 20 aniversario de su creación.

De momento, a la espera de que pase la tormenta, el BCE sigue con su programa de expansión cuantitativa (QE), que implica comprar cada mes por miles de millones de euros de obligaciones italianas.

El BCE, que ya tiene “de 22 a 25%” de la deuda pública italiana, “no puede ser percibido como una ayuda específica a un país”, opina Frederik Ducrozet.

Aunque estará presente en todos los espíritus, la situación de Italia puede permanecer al margen de la próxima reunión de política monetaria del BCE, el 14 de junio, cuando se trate de programar el final progresivo del QE antes de fin de año. Ésa será la primera etapa antes de un alza de las tasas de interés, que se espera para el 2019.

Ello puede plantear un problema, pues la subida de las tasas de interés —reclamada por algunos Estados, como Alemania— complicará el financiamiento de los países más endeudados como Italia y España.

Y si los dos partidos populistas mantienen sus promesas de nuevos gastos, el déficit italiano podría subir a “de 5 a 7% del PIB”, calculan los analistas del banco Warburg, lo que “conduciría” a Italia a enfrentarse con sus socios europeos.

Es cierto que el BCE puede recurrir a su arma atómica, como en el 2012, cuando su presidente Mario Draghi se comprometió a hacer “todo lo necesario” para salvar al euro: un programa de compra de deudas soberanas bautizado OMT y que jamás fue utilizado desde entonces. Pero el OMT está condicionado a estrictas reformas estructurales, es decir “exactamente lo contrario” de lo que espera el electorado euroescéptico italiano, con lo que esa opción se antoja improbable, según Warburg.

Frederik Ducrozet se inclina más bien por “reactivar” un precedente programa concebido en el 2010, el SMP, políticamente menos explosivo para Italia, aunque Alemania no dejaría de protestar ante semejante despilfarro.

“No hay ninguna opción fácil si hubiera que ayudar mañana a Italia” advirtió el economista.