El Banco de Japón (BoJ) mantuvo este martes sin cambios los pilares de su política monetaria, con una tasa de interés de referencia negativa, a la vez que revisó ligeramente a la baja sus proyecciones sobre inflación y crecimiento económico.

Tras una reunión de dos días, el BoJ anunció que seguirá en -0.1% la tasa de interés a corto plazo para los depósitos de las instituciones financieras en el banco central.

Ese nivel fue fijado en enero del 2016, en el primer cambio desde octubre del 2010 (cuando la tasa estaba entre 0 y 0.1%), con el fin de fomentar el gasto y las inversiones, y lograr una progresiva recuperación económica.

Unido a ello, el instituto emisor acordó seguir con su programa de estímulos monetarios iniciado en el 2013 y continuará con sus compras de bonos del gobierno para que el rendimiento de los que tienen un plazo de 10 años se mantenga en torno a 0 por ciento.

Al igual que ha dicho en anteriores ocasiones, esas compras se harán de una manera flexible para que la cantidad remanente se incremente a un ritmo anual de 80 billones de yenes (660,000 millones de euros, o 736,000 millones de dólares).

Ambas decisiones, que fueron aprobadas por los miembros del consejo, tienen como meta conseguir estabilizar los niveles de inflación en 2%, un objetivo todavía lejano para Japón.

En este sentido, el BoJ “no dudará en tomar medidas adicionales de flexibilización” si fuera necesario para alcanzar esa meta, según consta en la declaración de la entidad al término de la reunión.

El gobernador de la entidad, Haruhiko Kuroda, dijo que el BoJ es en estos momentos más positivo sobre la posibilidad de emprender acciones adicionales de estímulo, al ser cuestionado sobre esta opción ante las dificultades para alcanzar el objetivo inflacionario.

En el 2018, en Japón la inflación fue de 0.9%, y al cierre de junio pasado era de 0.6 por ciento. Las políticas del BoJ para llegar al objetivo seguirán “tanto tiempo como sea necesario”, insistió hoy el banco central nipón.

En principio, el BoJ anunció que mantendrán esos niveles “extremadamente bajos” en las tasas de interés “por lo menos hasta la primavera del 2020”.

No parece que, conociendo las proyecciones del instituto emisor, se esté cerca de esa meta de 2%, ni siquiera teniendo en cuenta el efecto que habrá desde octubre próximo, cuando el IVA pase desde 8 a 10 por ciento.

En su informe trimestral de proyecciones económicas, el BoJ calcula que cerrará en marzo el año fiscal del 2019 con una inflación de 1%, y en el ejercicio del 2020, que comenzará en abril de ese año, será de 1.3 por ciento.

En ambos casos, el BoJ revisó ligeramente a la baja las dos proyecciones respecto a abril pasado. En su cálculo anterior, las previsiones eran de 0.8% para el ejercicio del 2019, y de 1.1% para el del 2020.

Una vez que se consolide la aplicación del aumento del IVA, el BoJ calcula que para el año fiscal del 2021 la inflación será de 1.6%, todavía por debajo de la meta de 2%, un objetivo que, insistió, se alcanzará “gradualmente”.

“El impulso para conseguir el objetivo de estabilidad de precios en 2% se mantiene, pero todavía no es lo suficientemente firme”, refirió el instituto emisor.

En su informe de perspectivas económicas, el BoJ reconoció cierta debilidad en el sector exportador, aunque cree que tendrá una “tendencia moderada hacia el crecimiento”.

El BoJ proyecta que el ejercicio fiscal del 2019 se cerrará con un PIB de 0.7 por ciento. En el cálculo anterior había indicado que sería de 0.8 por ciento.

Para el 2020 cree que el PIB será de 0.9% (en abril vaticinó lo mismo) y para el 2021 de 1.1%, una décima menos que en el pronóstico trimestral anterior.