Descartan analistas financieros de Bank of America-Merrill Lynch (BofA-ML) que la economía mundial se encuentre en riesgo de caer en una doble recesión, consecuencia de la crisis europea.

El equipo de economistas de la correduría en Europa muestra que, según la experiencia, ha sido el vigor de la actividad en Estados Unidos la que ha alimentado al comercio mundial durante las mayores crisis de la era moderna, como fueron la del petróleo de 1987 y la de los tigres asiáticos del 97.

Y la expectativa es que la economía de Estados Unidos continuará fortaleciéndose mientras las europeas terminan de sanear sus cuentas públicas.

Según el Reporte de Inversión y Estrategia Global (RIC, como lo identifican internamente), el ímpetu de la economía mundial entró en un periodo de corrección que se ha visto interrumpido por un pequeño bache, que es la crisis de Europa. Pero los indicadores de un sólido crecimiento pueden ayudar a estabilizar los mercados .

Nuestros analistas económicos no tienen una visión tan apocalíptica sobre la actividad productiva mundial. Para ellos es determinante la geografía de las operaciones financieras y ven que la doble recesión mundial es un evento de muy baja probabilidad. Y como no ven una doble caída en la economía del globo, sugieren la compra de oportunidad en activos de riesgo , refleja la introducción del RIC.

Las nuevas pérdidas

Para los analistas de BofA-ML, las señales del mercado no hacen evidencia para pensar que habrá una nueva caída en la economía mundial.

Ni el retroceso de 15% que se experimentó en el mercado global de las acciones tras dos meses de incertidumbre por la situación financiera de los países de la Eurozona.

Ni la corrida de unos 7,000 billones de dólares en el mismo periodo y menos la evidencia de que el mes de mayo fue el peor en 50 años para el índice Standard & Poor’s­ 500 son señales apocalípticas, afirman.

Según el documento, en los dos últimos meses los inversionistas han guiado su actividad en función de tres preocupaciones: la deuda soberana europea, la débil reactivación del consumo en Estados Unidos y el riesgo de un menor desempeño de China.

Estos eventos terminaron por agobiar a los inversionistas, a tal grado que redujeron agresivamente las posiciones en acciones sensibles, especialmente al apetito por el riesgo y al crecimiento mundial.

ymorales@eleconomista.com.mx