La institución que dirige Christine Lagarde confiaba en que Trump suavizara su discurso a medida que se fuera acercando la fecha de su investidura. Sin embargo, faltando cuatro días para que se convierta en presidente de la mayor economía del mundo, el mensaje del magnate inmobiliario reconvertido en político se ha radicalizado. Trump promete aranceles a las compañías que produzcan fuera de su país, asegura que construirá el muro en la frontera con México, amenaza con romper las bases de sólidas organizaciones como la OTAN y se muestra sin temor a revolucionar las relaciones de Estados Unidos con grandes potencias como China. Además, simpatiza con la órbita rusa, asegura sentirse encantado con la salida de Reino Unido de la Unión Europea (el Brexit) y augura nuevas crisis en la zona euro.

Pese a todo, la política de estímulos que planea Trump obliga al Fondo Monetario Internacional (FMI) a reconocer que la administración del empresario será buena a corto plazo para Estados Unidos. El organismo calcula que el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense registrará un crecimiento de 2.3% en el 2017 y de 2.5% en el 2018, ligeramente al alza, con respecto a sus estimaciones de octubre.

Según la institución, que ha revisado su informe de perspectivas económicas mundiales, en Estados Unidos, las políticas de estímulo podrían tener un efecto más benéfico para la actividad que el que reflejan los pronósticos actuales . De momento, se muestra optimista y estima que el PIB internacional se impulsará 3.4% en el 2017 y 3.6% en el 2018, sin cambios respecto del informe de octubre pero por encima de 3.1% del 2016. Los datos sobre el papel no impiden, pese a todo, que el FMI deje traslucir su temor ante la incertidumbre que implica un presidente como Trump y, sobre todo, a sus anunciadas políticas proteccionistas. Existe una amplia dispersión de posibles desenlaces en torno a las proyecciones, dada la incertidumbre que rodea a la orientación de las políticas del gobierno estadounidense entrante y sus ramificaciones internacionales , expone.

Maurice Obstfeld, economista jefe del FMI, reconoce un mayor optimismo global gracias a la evolución de economías como la estadounidense, pero recuerda que siguen sin estar claros los detalles de la futura legislación fiscal de Trump, de sus planes de incrementar el gasto público y de su impacto sobre la actividad empresarial o sobre el dólar y el déficit. Existe un rango más amplio de lo habitual de riesgos al alza y a la baja para estas previsiones , advirtió Obstfeld. La evolución estadounidense estará estrechamente vinculada al desarrollo de su política monetaria, que adelanta tres alzas de tasas de interés en el 2017.

Al FMI le preocupan las restricciones que plantea Trump sobre el comercio mundial, que podrían tener un impacto sin precedentes.