Para que México pueda aprovechar a plenitud el Acuerdo de la Alianza Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés), debe tomar en serio los señalamientos de los empresarios globales sobre la excesiva burocracia, la inseguridad jurídica y la incertidumbre regulatoria que enfrentan quienes invierten en el país, asegura José Carlos Díez, autor de los libros Vida después de la crisis y La economía no da la felicidad... pero cómo ayuda.

De visita en México, dice que por sí sola la depreciación cambiaria que ha vivido el peso mexicano meterá un impulso intenso al comercio en unos cinco años .

Pero considera que las ventajas serán mayores, si en el trayecto aprovecha el Estado para fortalecer de verdad las regulaciones y transforma a sus entes reguladores.

El TPP le da a México una posición idónea para exportar a los dos lados, pero llega en un contexto determinante, porque pueden lograr que el gran impulso que les meterá la depreciación cambiaria se multiplique, al garantizar al empresario que tienen buenas regulaciones y buenos reguladores. Sólo así, pasarán de la promesa de un milagro mexicano al éxito de México , dice.

¿Y las reformas?

Hace tres años que vino a México a presentar su libro anterior, había mucha expectativa por las reformas. Entonces usted dijo que México estaba en construcción . ¿Cómo lo ve ahora?

Creo que deben hacer una introspección donde reconozcan las razones detrás de la falta de interés de inversionistas extranjeros del ramo energético en los dos concursos de sus campos de exploración. Una vez que encuentren por qué son sólo grupos mexicanos los interesados, vale la pena corregir el entorno que ofrecen a la Iniciativa Privada.

Aquí las autoridades adjudican esta ausencia de los gigantes energéticos en las licitaciones al impacto de la caída del precio del petróleo.

A ver, tomémoslo por cierto. ¿Y qué pasa en los otros sectores? Me parece que va siendo momento de que pasen de las justificaciones a las soluciones. México necesita más inversión privada para crecer. Para dinamizar su economía debe ofrecer una población mejor preparada, trabajadores más calificados, desarrollar patentes, tecnología y aprovechar así la llegada de más inversiones. Si estuviera en mis manos el plan para impulsar a México, les diría que es educación, educación y educación.

Su nuevo libro, La economía no da la felicidad... pero cómo ayuda, recuerda de alguna manera que, según indicadores de la OCDE, México es el país más feliz de los miembros. Pero nuestra economía no es de las más ricas...

El punto es al contrario. Si las cosas van bien, las encuestas de bienestar no mejoran mucho. En las crisis de 1982 y 1994 la felicidad seguro se desplomó. Una de mis conclusiones en el libro es que la economía debe proteger al hombre de la infelicidad y ponerlo al centro de las decisiones. Ahí mismo doy, por ejemplo, un concepto de protección y tomo el caso del Banco de México, que ha logrado mantener la inflación baja por años, lo que ha dado estabilidad a la economía para enfrentar los choques externos.

La inflación es baja, pero nuestra economía crece al mismo ritmo de hace 25 años, y el PIB per cápita no avanza con respecto al de Estados Unidos. ¿Entonces la estabilidad macroeconómica no garantiza la expansión?

Se han ido sentando las condiciones para mejorar. Incluso con un crecimiento de 2.5%, pero con mejores reglas y condiciones para generar empleos, podría haber una mayor derrama económica, porque (...) sí estamos de acuerdo en que la inflación es el mayor de los impuestos, ¿verdad? Te puedo asegurar que el éxito del doctor Carstens al frente del Banco de México no podría ser replicado ni poniendo al mismo Agustín Carstens en Mozambique o en Venezuela. ¿Por qué? Pues porque aquí hay un resultado de una evolución institucional que da el contexto para mantener la inflación baja y estable.

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