En medio de una Italia dividida y tensa, el gobierno de Silvio Berlusconi debe adoptar el jueves un nuevo plan de austeridad para ahorrar más de 40,000 millones de euros, bajo la estrecha vigilancia de los mercados que tienen al país en el punto de mira.

Con esa medida, que aprieta el cinturón de los italianos, Italia deberá cumplir sus compromisos con la Unión Europea de alcanzar un equilibrio presupuestal para el 2014 y bajar al 0.2% su déficit público contra el 4.6% del 2010.

La mayoría de las medidas se aplicarán a partir del 2013-2014, con un plan de austeridad de 25,000 millones de euros para el 2011-2012 adoptado el año pasado.

El gobierno de derecha quiere tranquilizar así a los mercados, los cuales están agitados por un posible contagio de la crisis griega a Italia, después de que las agencias de calificación anunciaran que está en su mira.

Pese a tener una de las deudas más elevadas del mundo (cerca del 120% del PIB), Italia no había sido tocada hasta ahora debido a que su déficit público es inferior al de la mayoría de los países europeos.

La agencia estadounidense Moody's a anunció a mediados de junio que iba a revisar el índice de solvencia de Italia a raíz de sus dudas sobre la capacidad del gobierno de derecha de reducir el déficit público, lo que pesa sobre el crecimiento.

La decisión fue tomada un mes después de que la agencia Standard and Poor's anunciara la misma medida.

"Las bestias de la especulación esperan sólo el momento bueno para atacar a sus presas cuando dan señales de debilidad", comentó Berlusconi la semana pasada, tras garantizar que el gobierno estaba en condiciones de tomar medidas "serias y rigorosas".

Pero la coalición de gobierno vive horas de tensión e incertidumbre después después de las recientes y humillantes derrotas electorales en las elecciones municipales y en los referendos sobre el regreso a la energía nuclear, la privatización del agua y la inmunidad penal para Berlusconi.

El influyente ministro de Economía, Giulio Tremonti, cuyo cargo tiembla en estas horas, ha sido acusado por algunos sectores del mismo gobierno de haber ideado un plan "digno de ser analizado por un psiquiatra" y de haber dejado la economía italiana "en coma".

Umberto Bossi, aliado clave del gobierno de Berlusconi y líder del partido Liga Norte (LN), está en desacuerdo sobre varios puntos del plan y amenaza con retirar su apoyo al gobierno si sus exigencias no son tomadas en cuenta.

Los principales puntos de disenso entre el ministro de Economía y la Liga Norte son dos: el hecho de que el plan contemple nuevos recortes para los Ayuntamientos y la hipótesis de que se eleve la edad de jubilación a 65 años para las mujeres.

El gobierno programa también limitar el uso de coches y aviones oficiales, así como un aumento gradual de la edad de jubilación (cifrada ahora en 65 para ellos y 60 para mujeres) y la congelación de los salarios de los funcionarios.

Igualmente quiere recortar los gastos para la salud y los del parlamento, ya que según datos de la prensa, los parlamentarios italianos son los más pagados de Europa.

Para satisfacer a su electorado, el gobierno espera adoptar el jueves una reforma fiscal que reduce algunos impuestos.

RDS