De los 5.1 billones de pesos que gastó el sector público durante el 2017, los contribuyentes, a través del pago de impuestos, financiaron 55%, con un total de 2.8 billones de pesos.

Es la aportación más grande que se ha registrado desde 1990, año desde el cual tiene registro la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto (2013), los ingresos tributarios aportaron al gasto público 37% del total; en el 2014, con la entrada en vigor de la reforma fiscal, fue de 40%; en el 2015, de 48%, y en el 2016 de 51% del gasto total.

El Impuesto sobre la Renta (ISR) ha sido el gran impulsor de la recaudación tributaria, pues al cierre del 2017 aportó 30% del gasto total con 1.5 billones de pesos, monto que contrasta con lo registrado en el 2013, cuando contribuyó con 23% con un total de 946,740 millones de pesos.

Con respecto al Impuesto al Valor Agregado, en el 2017 éste aportó al gasto público 16%, con un total de 816,039 millones de pesos; en el 2013 su aportación fue de 13%, con 556,793 millones de pesos.

Si bien la recaudación tributaria representó 13.2% del Producto Interno Bruto (PIB) en el 2017, aún se mantiene por debajo del promedio de los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es de 34.3% del Producto Interno Bruto.

“Tener una mayor recaudación como proporción del PIB permite aportar más al gasto público (...) la aportación de 55% de los ingresos tributarios al gasto público es muy baja porque existe un mercado laboral en la informalidad muy grande”, expuso Leticia Armenta, economista del Tecnológico de Monterrey.

PAGO DE IMPUESTOS RECAE SOBRE POCOS

El fiscalista Herbert Bettinger comentó que el problema de la recaudación es que todavía son pocos los que pagan impuestos en el país y el incremento que se da sobre los ingresos tributarios recae en unos cuantos.

“Cada vez que sube la recaudación para sufragar el gasto público, está afectando la economía de las personas, y al impactar en esto hay menos inversión de las personas, menos gasto y menos ahorro”, dijo.

Expuso que, si bien el Servicio de Administración Tributaria (SAT) indica que la base de contribuyentes ha llegado a más de 60 millones de personas, no todos son contribuyentes activos.

“De estos 60 millones de contribuyentes hay que ver cuántos son activos o pasivos. Pasivos son los que tienen RFC pero por su nivel económico están exentos, y los activos son aquellos que por su nivel económico pagan impuestos y máximo son 25 millones de personas; es decir, sobre estas personas recae el pago de impuestos”, explicó.

Armenta abundó que mientras no se integre a 60% de las personas que se encuentran en la informalidad laboral, la estrategia del SAT de fiscalizar con mayor intensidad será incompleta y la base de contribuyentes seguiría siendo pequeña.

“Por más que se fiscalice y se persiga a los contribuyentes para que no evadan impuestos, la base sobre la que trabaja el SAT sigue siendo incompleta y pequeña”, expresó.

De acuerdo con el reporte más actual del SAT, al tercer trimestre del 2017 se tenían registrados 63 millones de contribuyentes, de los cuales 23.5 millones son personas físicas, 37.6 millones son asalariados y 1.9 millones son personas morales.

PETRóleo APORTA 16%

Durante el 2017, los ingresos petroleros apenas aportaron 16% del gasto público con un total de 827,260 millones de pesos.

Dicha aportación contrasta con 32% que registró en el 2013; es decir, se redujo a la mitad la contribución de los ingresos petroleros al gasto público.

“Esto se debe a que la producción petrolera ha estado disminuyendo en los últimos siete años, entonces, a menor producción, menor es la aportación al gasto público. No es una buena noticia, porque la baja participación de los ingresos petroleros se debe a la producción y no por una buena estrategia”, dijo Armenta.

Si esta “despetrolización” de las finanzas públicas se hubiera dado porque hay más contribuyentes cautivos, tendríamos algo que festejar, pero en el contexto actual no es así, destacó la economista del Tec de Monterrey.

Al respecto, el fundador y socio de Bettinger Asesores agregó que al importar más gasolina, Petróleos Mexicanos (Pemex) es cada vez menos productor.

“Por más que se diga que las rondas son un éxito, lo cierto es que sólo lo son en la extracción del petróleo pero, mientras eso se da, algunas generaciones no lo verán y seguiremos importando combustibles, lo que nos va a llevar a que Pemex se reduzca más”, expuso.

Pemex tiene pocas posibilidades de crecer por la carga económica salarial y sindical que tiene y que lo merma. “Es un esqueleto”, concluyó.

elizabeth.albarran@eleconomista.mx