La Comisión Europea (CE) adoptó este miércoles una propuesta para gravar las ventas de los gigantes de la economía digital. La medida afectaría principalmente a compañías estadounidenses como Google, Facebook, Uber o AirBnb, y llega en plena pugna comercial y fiscal entre Washington y Bruselas.

El Ejecutivo comunitario plantea crear un impuesto de entre 1 y 5% a la facturación de ciertos ingresos de las multinacionales de la economía digital, con unas ventas globales de 750 millones de euros y de 50 millones en la Unión Europea (UE). No obstante, recomienda que éste sea de 3%, lo que, según sus cálculos, permitiría recaudar 4,800 millones de euros.

El objetivo sería corregir temporalmente lo que en Bruselas se considera una anomalía: que las compañías del ecosistema digital pagan una tasa efectiva del impuesto de sociedades de 9.5%, frente a 23% de las firmas tradicionales.

La estructura fiscal de multinacionales como Google, Uber o Facebook consiste en establecer una sede europea en un país con condiciones fiscales favorables y desviar ahí (legalmente) los ingresos generados en el resto de Estados Miembros. De este modo, por ejemplo, la publicidad que ingresa Google de un anunciante español no cuenta como ingreso de Google España, sino de Google Irlanda. La filial española sería comisionista y sólo ingresaría una fracción de la venta.

Este impuesto gravaría tres tipos de ingresos: los generados por la venta de espacios publicitarios en línea (Google, Facebook); los generados a partir de las actividades de intermediarios digitales que permitan a los usuarios interactuar con otros usuarios y que puedan facilitar la venta de bienes y servicios entre ellos (AirBnb, Uber); y los generados a partir de la venta de datos obtenidos de información aportada por el usuario.

Países como Francia, Alemania, Italia o España encabezan políticamente una campaña para que este tipo de compañías contribuyan más a las arcas públicas. Pero la propuesta de Bruselas necesita el visto bueno unánime de los 28 y está por ver que países como Luxemburgo, Holanda o Irlanda, sede europea de muchas de las compañías que se van a ver afectadas, finalmente acepten.

Sin embargo, esta medida sería sólo provisional. La solución definitiva, para la que también la Comisión hizo una propuesta el miércoles, se intentaría integrar dentro de una reforma fiscal paneuropea para crear una base consolidada común para el impuesto de sociedades, que recogería las peculiaridades de la economía digital.

Esta propuesta permitiría a los Estados miembros gravar las ganancias que se generen en su territorio por parte de empresas que tengan una “presencia digital”, aunque una empresa no tenga presencia física en dicho país. Se considerará que una compañía tiene esa presencia digital si cumple uno de estos tres requisitos: supera el umbral de 7 millones de euros de ingresos anuales en un Estado miembro; tiene más de 100,000 usuarios en un Estado miembro durante un ejercicio fiscal; o en un ejercicio fiscal se generan más de 3,000 contratos de servicios digitales entre la sociedad y los usuarios.

Las nuevas normas también tendrán en cuenta la ubicación del usuario en el momento de usar los servicios de la multinacional para determinar dónde se ha generado esa ganancia y en qué país miembro debe tributar.

ESCALADA COMERCIAL Y FISCAL CON EU

La medida llega en plena escalada comercial y fiscal entre Estados Unidos y la UE, después de que Donald Trump anunciara a principios de mes que impondría un arancel al acero y aluminio extranjeros, incluidos los que provengan de la UE. Estos aranceles entran en vigor a finales de esta semana y Bruselas ya tiene preparadas una lista de medidas para responder. Entre ellas, aranceles a 2,800 millones de euros a productos estadounidenses importados desde Europa.

El secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin, ya advirtió contra movimientos fiscales de este tipo. “EU se opone firmemente a las propuestas de cualquier país de gravar a las empresas tecnológicas (...) Algunas de estas compañías están entre los mayores contribuyentes a la creación de empleo y al crecimiento económico de EU. Imponer nuevas cargas fiscales redundantes inhibirá el crecimiento y, en último término, dañaría a trabajadores y consumidores”, aseguró Mnuchin el viernes pasado.

Pero desde la UE van a intentar mantener ambos asuntos separados. Así lo manifestó Bruno Le Maire, ministro de Economía y Finanzas francés. “No hay que mezclar estos dos temas. Hace meses que estamos trabajando en una directiva para gravar la economía digital, antes de que Donald Trump anunciase su decisión. La directiva que propondrá la CE no tiene nada que ver. No hay que vincular las dos cosas”.