La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos se prepara para publicar este jueves 21 de junio, la primera parte de los tests de estrés a los que somete cada año al sector bancario. Estos exámenes nacieron tras la crisis que estalló en el 2008 y al calor de la Ley Dodd-Frank, destinada a que nada volviera a hacer tambalear de nuevo el sistema financiero.

La primera parte de los tests se refiere a aspectos cuantitativos, con diferentes escenarios de recesión que miden la capacidad de las entidades para salir a flote y su capital disponible.

Estos requisitos son los que menos problemas presentan para la gran banca, que lleva años incrementando sus necesidades de capital y fortaleciendo los balances. La prueba trata de asegurar que, aún en un escenario de fuerte recesión, la gran banca mantendría capital suficiente para cubrir holgadamente los requisitos regulatorios. Las filiales estadounidenses de Santander y BBVA lograron en el 2017 un capital de calidad de 12.8 y 7,7%, respectivamente, en un escenario de deterioro económico extremo. La exigencia mínima era de 4.5 por ciento.

La segunda parte del análisis de la Fed se conocerá en una semana, el 28 de junio. Se refiere a aspectos cualitativos del negocio, como organización interna y gobierno corporativo. Por primera vez, el año pasado todos los grandes bancos que operan en Estados Unidos, incluidos Santander y Deutsche Bank, pasaron la prueba. Se espera que Santander vuelva a aprobar esta vez, y todas las miradas están puestas en Deutsche Bank, que atraviesa una delicada situación.

Los tests son una condición necesaria para que los bancos puedan aprobar sus planes de inversiones y reparto de dividendo, por lo que se esperan con gran avidez en el mercado. En el 2017, las compañías solicitaron pay outs (parte del beneficio que se destina a la retribución del accionista) de cerca de 100% de sus ganancias previstas para el año siguiente, por encima de 65% del pasado ejercicio.

Muy previsiblemente, este será el último año antes de que el examen sufra cambios importantes. El Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar una norma que eleva de 50,000 a 250,000 millones de dólares el umbral de activos exigidos para situarse bajo la lupa más extrema de la Fed.

Los cambios que plantea la Reserva Federal incluyen que los tests de estrés sean analizados públicamente para evitar la opacidad que critican los bancos. Además, el organismo propone que se relajen las exigencias de liquidez para las firmas que no sean consideradas globales.

Entre las propuestas de la Fed, también destaca que los denominados testamentos vitales (planes de los bancos en caso de colapso) se hagan cada dos años en lugar de todos los ejercicios.