Las normas regulatorias nacidas de la crisis financiera mundial están obligando a los bancos a lanzarse al mercado en busca de los nuevos tipos de deuda que se han ideado para que las entidades financieras dispongan de unos instrumentos que pueden absorber pérdidas en caso de problemas de solvencia. Es la llamada deuda anticrisis, aquella que tiene la facultad de ser usada para recapitalizar a los bancos y que sean capaces de rescatarse a sí mismos sin tener que apelar al bolsillo del contribuyente.

Esta obligación regulatoria ha supuesto la emisión de miles de millones de euros en los famosos CoCos (bonos contingentes convertibles o bonos AT1), deuda subordinada y deuda sénior no preferente, que se unen a las tradicionales colocaciones de bonos sénior y cédulas. Pero, como toda cara tiene su cruz, todo ello tiene fecha de caducidad y debe refinanciarse: realizar una emisión sólo sirve para aplacar las peticiones de las autoridades reguladoras durante un tiempo determinado; luego vence y hay que volver a empezar.

El Banco Central Europeo (BCE) alerta de este riesgo en su último Informe de Estabilidad Financiera. Según sus cuentas, cerca de un tercio de toda la deuda bancaria emitida en la eurozona vencerá en algún momento entre este mes de mayo y el final del 2020. Eso son más de 550,000 millones de euros y refinanciarlos puede no ser un camino de rosas.

Con ese volumen de vencimientos, “los costos de financiamiento de la banca son vulnerables a una inesperada subida en las rentabilidades a largo plazo y en la prima de riesgo”, señala el documento de la autoridad monetaria. En particular, este riesgo es más grande en el mercado de deuda subordinada “donde los precios parecen haberse hecho cada vez más sensibles al peligro de impago”.

A eso se une que los requisitos regulatorios no han hecho más que empezar y los bancos tienen que emitir mucho más de lo que han hecho hasta ahora para cumplir con las exigencias que se les han impuesto.

COLCHÓN ANTICRISIS

La más importante de estas exigencias para las firmas europeas es el MREL (requerimiento mínimo de fondos propios y pasivos admisibles), también conocido como colchón anticrisis, y el BCE tiene dudas: “La capacidad del mercado para absorber los todavía significativos volúmenes de bonos sénior no preferentes computables para el MREL que quedan por emitirse puede también convertirse en una prueba en un entorno de menor apetito por el riesgo, sobre todo para los bancos con fundamentales más débiles”.

Los bancos son conscientes de que la realidad de emisiones ultrabaratas que están viviendo en estos momentos no va a durar para siempre y están haciendo los deberes. Las entidades han alargado los vencimientos de sus colocaciones para tener deuda barata el mayor tiempo posible.

El BCE cree que no será suficiente escudo protector. Primero, porque antes o después llegarán los vencimientos. Segundo, porque, si sus previsiones se cumplen, el escenario de tasas de interés es al alza y con ellos subirán los costos de financiamiento. Tercero, porque algunos instrumentos de deuda no están ajustados a lo que sería su precio natural: se están vendiendo por debajo de las referencias que históricamente han seguido, así que la subida puede venir por partida doble.

Los CoCos están en ese caso. La autoridad monetaria ha comparado la evolución de esta deuda contingente y de la rentabilidad por dividendo de la banca durante los últimos años. Las dos curvas se han movido prácticamente a la par porque las peculiaridades de los CoCos (el cupón puede impagarse y la emisión al completo se convierte en capital en caso de problemas de solvencia) hacen que esta deuda se parezca más a las acciones que a otra cosa.

En esa evolución simétrica, el costo de los CoCos siempre ha estado por encima de la rentabilidad por dividendo. Hasta finales del 2017. En ese momento las curvas se cruzaron y los CoCos pasaron a estar por debajo. “Eso sugiere”, dice el informe del BCE, “que hay terreno para una ampliación de los diferenciales de los bonos AT1 en caso de que la relación histórica se reinstaure”. Y no solo eso, porque el banco central también recuerda que hay diferencias significativas en la liquidez de los respectivos mercados que también pueden impulsar un encarecimiento de los CoCos. Si a ese cóctel se suma el impacto de una subida de las tasas de interés, el incremento de costos puede llegar a ser notable.