El viejo continente aún no se recupera de los estragos de la crisis de deuda soberana que se desencadenó a finales del 2009 y comienzos del 2010, provocada por una serie de acontecimientos en el sector bancario de Estados Unidos.

La actividad económica europea ha resultado más débil de lo que se esperaba a principios de año, debido, principalmente, a los incrementos moderados de la inversión y las exportaciones, tensiones geopolíticas persistentes, estancamiento de reformas económicas, así como una política monetaria muy acomodaticia. En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) presentó sus nuevas proyecciones macroeconómicas para la eurozona.

Así, prevé que el producto interno bruto real (PIB) del bloque económico aumente 0.8% en el 2014, 1.0% en el 2015 y 1.5% en el 2016, donde se espera que a medida que estas tasas superan cada vez más su potencial de crecimiento estimado, la brecha se cerrará lentamente, aunque sigue siendo negativa en el último año de análisis.

Estas cifras sufrieron revisiones a la baja, ya que las perspectivas publicadas en septiembre pasado fueron de 0.9, 1.6 y 1.9%, respectivamente.

En el corto plazo, lo anterior derivó de pronósticos más débiles para las exportaciones, por escepticismo en la elasticidad del comercio mundial; de la menor inversión de las empresas (con una reciente caída de la confianza), donde resalta que en el rubro residencial las tasas hipotecarias bajas fueron sobrestimadas, y de una situación endeble en el mercado laboral, particularmente en los beneficios distribuidos, que merma el consumo privado.

El banco central enfatizó que el impacto de los factores adversos que obstaculizaron el crecimiento a principios de año, seguirán pesando en los próximos trimestres. Sin embargo, en el mediano y largo plazo espera que estos componentes mejoren ligeramente.

La demanda interna debería beneficiarse de la orientación de la política monetaria acomodaticia, una política fiscal neutral después de años de ajuste sustancial y una cierta mejora en las condiciones de oferta de crédito.

Mientras, se proyecta que las exportaciones ganen impulso en el transcurso del 2015, que reflejaría el fortalecimiento gradual de la demanda externa y el impacto favorable de la reciente depreciación del euro.

En cuanto a la inflación de la eurozona, se prevé que se mantendrá baja en los siguientes meses y aumentará sólo gradualmente en los próximos años. Se calcula en 0.5% en el 2014, 0.7% en el 2015 y 1.3% en el 2016. La caída reciente de los precios del petróleo ha moderado significativamente las perspectivas de inflación en el corto plazo.

Se espera que la reducción gradual de la brecha negativa de producción, el incremento de las presiones externas sobre los precios, más un menor tipo de cambio del euro, eleve la inflación en el horizonte de proyección.

El Consejo de Gobierno del BCE decidió que los tipos de interés aplicables a las operaciones principales de financiamiento, la facilidad marginal de crédito y la de depósito se mantengan sin variación en 0.05, 0.30 y -0.20%, respectivamente.

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