El Banco Central Europeo (BCE) abrió este jueves la vía a nuevas medidas para hacer frente a las malas perspectivas económicas en la zona euro, entre ellas una rebaja de tasas de interés y la reanudación de la compra de deuda.

“Ahora parece probable que la reunión del 12 de septiembre no aportará sólo una medida, sino un paquete de varias medidas”, dijo Carsten Brzeski, economista de ING.

Desde junio, muchos analistas esperaban un gesto del BCE frente a la coyuntura económica.

Ayer, por primera vez desde abril del 2017, el instituto monetario indicó explícitamente una posible reducción de tasas y una nueva fase de flexibilización monetaria.

“El consejo de gobernadores prevé que las tasas de interés directrices del BCE se mantengan en sus niveles actuales, o más bajos, al menos hasta mediados del 2020”, indicó la institución en su comunicado.

Además, el BCE también pidió examinar opciones que van desde un nuevo programa de compra de deuda hasta un sistema de tasas decreciente.

“Es un nombre en código para anunciar futuras acciones del BCE”, según al analista Carsten Brzeski, que señaló que las dos medidas podrían anunciarse a finales de año, antes de que el presidente del organismo, el italiano Mario Draghi, ceda su lugar a la francesa Christine Lagarde.

Por el momento, lo más probable es que la próxima decisión, en septiembre, consista en bajar las llamadas tasas de facilidad de depósito para los bancos.

Rebajar esta tasa, que actualmente ya es negativa (-0.40%), serviría para estimular a los bancos a otorgar créditos a las familias y a las empresas, en vez de depositar su dinero en el BCE.

Los especialistas explicaron que las tasas de depósito podrían alcanzar incluso -0.60% antes de que acabe el año.

A diferencia de la Reserva Federal estadounidense, que desde la crisis financiera mantuvo sus tasas en positivo, el BCE mantiene desde el 2016 su principal tasa de interés en cero.

En paralelo, la institución podría poner en marcha un sistema de tasas de interés decreciente, como hacen Suiza, Suecia o Japón, para modular su efecto en los bancos.

El BCE también informó “potenciales nuevas compras netas de activos”, es decir, la reanudación del programa que entre marzo del 2015 y diciembre del 2018 llevó al organismo a comprar 2.6 billones de euros de deuda pública y privada.

Para justificar el anuncio de estas medidas, Draghi insistió este jueves en las malas perspectivas de la inflación y la coyuntura económica en la zona euro.

“No nos gusta lo que estamos viendo de la inflación”, expuso, y aseguró estar decidido a llevar a la inflación a cerca de 2%, el nivel considerado ideal por el BCE. En junio fue de 1.3 por ciento.

El cambio de tono “significa que la política monetaria seguirá siendo acomodaticia durante mucho tiempo, incluso durante el mandato de Christine Lagarde”, manifestó Frederik Ducrozet, de Pictet Wealth Management.

Por otra parte, Draghi afirmó que “las perspectivas en el sector manufacturero van de mal en peor”, lo que, según él, provoca un contagio al conjunto de la zona euro.

El sector manufacturero, clave en países como Alemania, sufre a la vez del freno mundial de la economía, de las persistentes tensiones comerciales y “ahora del riesgo de un Brexit sin acuerdo”, aseguró.