Las presiones a los bancos centrales para que usen una política monetaria más laxa a fin de enfrentar los problemas económicos estructurales son preocupantes, dijo el consejero del Banco Central Europeo (BCE) Joerg Asmussen.

También dijo que las tasas de cambio no estaban dentro de los objetivos del BCE y que el G-7 era el foro apropiado para discutir sobre las principales monedas.

"Hay motivos de preocupación cuando la presión pública recae en un banco central para que haga más, cuando los problemas son de naturaleza estructural", dijo el alemán, un responsable de las políticas monetarias del BCE, en el marco de una reunión de ministros de Finanzas de la Unión Europea.

El Banco de Japón anunció su esfuerzo más decidido hasta la fecha para poner fin a años de estancamiento económico, diciendo que pasará a un compromiso abierto de compra de activos el próximo año y que duplicará su meta de inflación a 2 por ciento.

"La independencia de un banco central es justamente un bien valioso. La aparición de la dominación política podría debilitar la confianza del mercado", dijo Asmussen.

Sus comentarios se producen tras las observaciones hechas por el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, otro formulador de políticas del BCE, quien dijo que la interferencia del Gobierno japonés en las políticas del banco central amenaza con poner fin a la autonomía de la entidad.

"No me gusta ni el término ni el concepto de una guerra de divisas. Mi profunda convicción es que la cooperación internacional es la mejor manera.

Durante años, el G-7 ha sido el foro adecuado sobre los asuntos de las principales monedas", dijo Asmussen.

Asmussen y Weidmann son los últimos de una serie de funcionarios encargados de elaborar las políticas monetarias en todo el mundo que advierten sobre la amenaza de una carrera de devaluación monetaria, en momentos en que los bancos centrales inyectan dinero en efectivo para apoyar a sus economías, reduciendo el valor de sus monedas.