Este otoño se cumplen noventa años de cuando el mercado de valores experimentó el Gran Choque. Poco tiempo después, la economía estadounidense se hundió en la Gran Depresión. Aunque abundan los conceptos erróneos, estos eventos han tenido una gran influencia en los tomadores de decisiones desde entonces. Si, como Mark Twain supuestamente dijo, “la historia no se repite, pero a veces rima”, entonces ahora puede ser buen momento para corregir algunos mitos sobre la Gran Depresión. 

Mito 1: Los excesos de la boyante década de los veinte provocó la Gran Depresión

En su mensaje a la Convención Nacional Demócrata de 1932, Franklin D. Roosevelt llamó a la década de los años veinte “un periodo de pensamiento laxo, de pérdida de valores y una era de egoísmo”. Más recientemente, el economista Mark Skousen argumentó que “dada la frágil naturaleza del sistema financiero” del momento, el fácil acceso al crédito que provocó un boom de sobreinversión “detonó un terremoto global”, lo que hizo a la Depresión algo inevitable. El economista Hans Sennholz atribuyó la caída de la inflación a “un aumento de la codicia, la envidia por las grandes riquezas personales e ingresos, y un creciente deseo por la asistencia pública y el favoritismo”.   

Ciertamente, la boyante década de los años veinte fue una época de excesos consumistas entre ciertas clases adineradas —piensa en las suntuosas fiestas de El Gran Gatsby—. Pero el periodo no se definió primordialmente por este tipo de indulgencia o especulación en los mercados. 

 

El amplio estudio de Milton Friedman y Anna Jacobson Schwartz de 1963 “Una historia monetaria de los Estados Unidos 1867-1960” muestra que en los años veinte se experimentó una baja inflación y un crecimiento económico estable. Las investigaciones del académico Harold Bierman Jr. encontraron que las acciones sobrevaluadas se encontraban aisladas en unos cuantos sectores y tenían una duración relativamente corta. Un estudio realizado en 2003 por el Banco de la Reserva Federal de Minneapolis concluyó que en 1929, muchas acciones estaban subvaluadas. 

En cualquier caso, sólo un pequeño porcentaje de la población poseía valores en ese momento, y la cultura del exceso y la especulación descuidada apenas caracterizó a toda la nación.

Mito 2: El gran choque causó la Gran Depresión

En un artículo publicado en julio pasado para TheStreet.com, Steve Fiorillo describió el colapso del mercado de valores como “el acontecimiento más obvio que presagió la fatalidad y comenzó la Depresión”. Una guía de enseñanza de la Biblioteca del Congreso dice que “la Gran Depresión se inició en 1929 cuando, en un periodo de 10 semanas, las acciones en la Bolsa de Nueva York perdieron 50% de su valor”.  

Los historiadores modernos ven el choque del mercado no como la causa, sino como un amplificador de las fuerzas macroeconómicas. La incertidumbre generada ayudó a profundizar la depresión económica, concluyen Friedman y Schwartz en “La Gran Contracción, 1929-1933”, pero era "un síntoma de las fuerzas subyacentes". La recesión que caracterizó la Gran Depresión —un fenómeno global— fue provocada por una tormenta casi perfecta de factores, incluyendo el hecho de que Alemania, Francia y el Reino Unido regresaron a utilizar el oro como un referente, que habían abandonado durante la Primera Guerra Mundial, algo que resultó insostenible. 

La Reserva Federal mantuvo sus tasas de interés bajas, en parte para impulsar a las economías europeas. Pero cuando subieron las tasas de interés en 1928 y otra vez de manera abrupta al año siguiente, los préstamos cayeron, al igual que la actividad económica resultante. Los países vencidos de la Primera Guerra Mundial no mantuvieron los pagos de reparaciones que se impusieron en el Tratado de Versalles, lo que dificultó que los países triunfadores pudieran pagar sus deudas a los Estados Unidos. 

Mito 3: Herbert Hoover no hizo nada para combatir la Gran Depresión

Durante su discurso en la Convención Nacional Demócrata de 1932, Franklin D. Roosevelt le echó la culpa en repetidas ocasiones al presidente Herbert Hoover por la recesión, criticando “los fracasos de los líderes republicanos por resolver nuestros problemas” y “por sus promesas rotas de continua inacción”. En el musical de 1977 “Annie”, ambientado en 1933, los indigentes sarcásticamente cantan “Queremos agradecerte, Herbert Hoover” mientras repasan sus limitantes económicas. En una serie del 2007 sobre los peores presidentes, el US News & World Report dijo que Hoover “no logró enfrentar el reto más grande de su tiempo”. 

Poco después del choque, Hoover hizo un recorte a los impuestos por unos 160 millones de dólares. En un intento para estimular la economía aumentó el gasto en obra pública y concretó acuerdos entre los empresarios y líderes laborales para mantener salarios y evitar paros. A pesar de esos esfuerzos, para 1931, la depresión económica en Estados Unidos se había acelerado, por lo que Hoover realizó nuevas acciones:

  • Aumentó el gasto federal y los préstamos a los estados.
  • Liberó la expansión crediticia de la Fed.
  • Creó la Corporación Financiera de Reconstrucción para prestar e invertir en empresas y empleos.
  • Estableció bancos especiales para apoyar a agricultores y propietarios de vivienda.
  • Declaró una moratoria de la deuda internacional para estabilizar las monedas y restablecer el comercio.

Pudo haber intervenido de manera más robusta y temprana y pudo haber carecido de la habilidad política necesaria para generar confianza pública en sus políticas. Pero la acusación de que no hizo nada no se mantiene. 

Mito 4: El New Deal curó la Gran Depresión

En el 2009, el columnista del diario británico The Guardian Michael Tomasky argumentó que “el New Deal funcionó muy pero muy bien”, aunque “no haya resuelto todos los problemas”. Los académicos Greg Hanngen y Dimitri Papadimitriou reflexionaron en un ensayo publicado ese año que “el New Deal trajo una medicina efectiva para la Depresión”. En la entrada “Datos sobre la Gran Depresión” en el sitio de la Biblioteca Presidencial de Roosevelt se asegura que “el New Deal reanimó a la economía hacia la recuperación”. 

Es cierto que el presidente Franklin D. Roosevelt merece crédito por poner fin a la espiral de la muerte de la confianza pública y las condiciones económicas: los precios, el comercio y el empleo mejoraron tras su investidura como presidente. Sin embargo, la recuperación hacia las condiciones que existían antes de la Gran Depresión todavía estaba muy lejos. Y sí, las reformas necesarias al sistema bancario y financiero, la electricidad, las relaciones laborales y la seguridad social fueron pilares del New Deal. 

 

Pero sería exagerado decir que las reformas progresistas del New Deal pusieron fin a la Gran Depresión: la política monetaria de la Fed, la suspensión del oro como referente monetario de los gobiernos, la flexibilización del comercio mundial y la expansión industrial durante la Segunda Guerra Mundial posiblemente tuvieron mayor impacto en la recuperación, de acuerdo con estudios de Christina Romer, Barry Eichengreen, Robert Gordon, Robert Higgs y muchos otros. 

Algunos de los experimentos del New Deal incluso retrasaron la recuperación. Por ejemplo, el Acta Nacional para la Recuperación de la Industria favoreció a las grandes compañías sobre las empresas más pequeñas y alimentó la confusión con una avalancha de leyes y regulaciones. Un estudio del 2001 del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis de Harold Cole y Lee Ohanian concluyó que “las políticas del New Deal fueron un factor importante que contribuyó a que persistiera la Gran Depresión”. 

Mito 5: La Gran Depresión terminó en 1939

El título de los libros de Charles Kindleberger “The Word in Depression, 1929-1939” y “The Great Depression: 1929-1939” de Pierre Berton dan impresión de que la Gran Depresión duró exactamente una década. Si buscas en Google “¿Cuándo terminó la Gran Depresión?”, el resultado que te entregará será el año de 1939. Lo mismo se puede decir sobre la Gran Depresión en History.com. 

Ese año puede ser un punto focal conveniente porque marca un nuevo episodio histórico, el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, es difícil decir que la Gran Depresión terminó ahí, porque las métricas importantes sobre prosperidad continuaron rezagadas. En 1939, la tasa de desempleo estaba por arriba del 15% y no alcanzaría un nivel inferior al 5% hasta 1941. Los gastos de consumo privado —una medida de cuánto gastan los estadounidenses en bienes y servicios— tampoco regresaron a los niveles de 1929 antes de 1941 (asumiendo que podías comprar lo que quisieras durante la guerra). Y una variedad de indicadores sociales, incluyendo matrimonios y tasas de natalidad, aumentaron materialmente sólo después de la guerra. 

Traducción: Antonio Becerril.