En el año 2014 América Latina registró una tasa de crecimiento apenas superior al 1 por ciento. La más baja de los últimos 12 años, a excepción de la registrada en 2009, producto de los efectos de la crisis financiera internacional.

Este magro desempeño se explica por el ajuste a la baja del precio de las materias primas, por las restricciones de oferta presentes en varios países asociadas al rápido crecimiento y baja inversión de los últimos años, y por la incertidumbre ocasionada, por cambios de políticas y por el debate en torno a reformas estructurales importantes en algunos países.

Nosotros, en el FMI, esperamos que en 2015 el crecimiento regional se recupere ligeramente, aunque se mantendrá en niveles históricamente bajos.

Para 2015 se anticipa que los precios de las principales materias primas continúen deprimidos, que la economía de Estados Unidos presente un mayor dinamismo y por ende comience el proceso de normalización de las tasas de política monetaria, y que continúe la desaceleración gradual en la economía China.

Para la mayoría de la región este escenario externo es claramente negativo, ya que el efecto positivo asociado al mayor crecimiento de los Estados Unidos no logrará compensar los impactos negativos ligados a los menores precios de las materias primas y al incremento en las tasas de interés.

Sin embargo, México, Centroamérica, y el Caribe se benefician de manera importante por la recuperación en Estados Unidos, debido a los fuertes flujos de exportaciones, remesas y turismo y no son exportadores netos de materias primas.

La caída en el precio de los metales y algunos granos influyó en la desaceleración que se ha dado en las economías de América del Sur en los últimos 18 meses.

La súbita caída en el precio del petróleo observada en los últimos 6 meses tendrá efectos importantes en Venezuela y Ecuador, países en los cuales las exportaciones netas de crudo representan el 33% y el 9% del producto respectivamente, y en Colombia y México, con un nivel de exportaciones netas de petróleo menor.

Asimismo varias economías de la región, entre las que destacan Argentina, Brasil y México, se encuentran desarrollando importantes proyectos energéticos que podían verse afectados negativamente por el nuevo escenario para los precios del petróleo.

Sin embargo, el resto de las economías de la región se beneficiará por la caída del precio del petróleo debido a las importantes reducciones que se observarán en el valor de sus importaciones del mismo.

Aunque la normalización de la política monetaria en Estados Unidos se encuentra ampliamente anticipada por los mercados financieros, es probable que se hayan acumulado vulnerabilidades en algunos mercados, con precios de activos no sustentados por fundamentos y altas exposiciones a activos riesgosos, que podrían corregirse violentamente.

Si tomamos el episodio del verano del 2013 como referencia, las economías más afectadas fueron aquellas con déficits abultados en sus cuentas corrientes, inflación elevada y altos niveles de deuda.

Finalmente, una pregunta relevante es si no habremos estado sobrestimando el potencial de crecimiento de la región al pasar por un período prolongado de gran dinamismo. De ser este el caso, América Latina estaría entrando en un periodo de bajo crecimiento que probablemente dure varios años.

Los países de la región siguen presentando tasas bajas de inversión y ahorro y un crecimiento de la productividad moderado, todos factores que apuntan a un crecimiento potencial limitado. Para revertir esta situación será importante retomar una agenda de reformas estructurales que permita aumentar la rentabilidad de la inversión, mejorar la calidad educativa, reducir los déficits de infraestructura, y lograr mayores tasas de ahorro.

El escenario descrito representará una prueba de estrés para las democracias de América Latina. La región acaba de pasar por un período en el cual la abundancia de recursos, el crecimiento económico y la implementación de políticas sociales apropiadas permitieron reducir la pobreza, mejorar la desigualdad e incorporar un sinnúmero de personas a las crecientes clases medias.

En el futuro, se tendrán que enfrentar estas demandas en un contexto económico más restrictivo, por lo que será necesario acelerar la implementación de las agendas de cambio estructural, mejorar la eficiencia del gasto público y fortalecer las defensas macrofinancieras para enfrentar este entorno más complejo.

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