Londres. De Ilya Zakharov no aparece en su registro de Juegos Olímpicos sus logros más importantes: los campeonatos europeos. Ha ganado dos. El clavadista ruso, que ayer terminó -por fin- con el dominio chino en esta disciplina de los Juegos Olímpicos, no tiene el largo palmarés de He Chong, campeón olímpico en Beijing que ayer cedió su corona en el trampolín de tres metros al oriundo de Leningrado.

No conocía qué eran los olímpicos, hasta ahora aseguró Ilya tras su triunfo. Fue una noche oscura para los chinos, quienes esta vez no tuvieron la perfección que otrora los caracterizaba y aunque sí subieron al podio, sólo fue para ver hacia arriba al ruso, quien con 555.90 puntos se quedó con el título olímpico.

En cambio, Kai Qin (541.75) y Chong He (524.15) tuvieron que conformarse con la plata y el bronce. Zakharov es el primer ruso, desde Moscú 1980, en conseguir en oro en esta prueba.

La ha saboreado sin importarle faltar al respeto a quienes en esta ocasión se vieron disminuidos ante la joven promesa, que el año pasado en el Mundial de Shanghai, se había colgado con la plata en el trampolín de tres metros.

Será ésta la mejor recompensa para los padres de Ilya, quienes advirtieron desde hace muchos años que su pequeño algún día, como una estrella, brillaría. Fue por eso que a los siete años lo llevaron a conocer una piscina, será bueno sentenciaron.

Hoy Zakharov ha dado más que un oro a su país. Sembró en el mundo la esperanza, de hoy en adelante, al menos en los clavados, China no es más la nación invencible que no cedía el trono desde Atlanta 1996.