La censura de transmisiones deportivas por parte del gobierno chino ante la publicación de opiniones en contra de su forma de proceder se ha convertido en una constante. En octubre de 2019, la televisora estatal decidió no programar los partido de exhibición de la NBA a causa de un tuit de Daryl Morey, gerente general de los Houston Rockets en los que respaldó protestas antigubernamentales en Hong Kong.

Este conflicto significa un riesgo económico para la liga de baloncesto estadounidense, ya que la NBA China está valorada en 4,000 millones de dólares, lo que corresponde a 133 millones de valor para cada uno de los 30 equipos y se estima que alrededor de 1,000 millones de dólares ingresan desde China.

Pero el futbol también ya tiene su episodio reciente con China. En diciembre, el futbolista musulmán del Arsenal, Mesut Özil, expresó en sus distintas redes sociales estar en desacuerdo con el gobierno central chino por su persecución a una población uigur, que profesa el islam en el país asiático.

Ante la postura del jugador de origen turco, el gobierno decidió censurar los partidos del Arsenal, además de eliminarlo del videojuego de futbol Pro Evolution Soccer.

Al respecto, el club del norte de Londres publicó un comunicado en el que uno de sus principios era no involucrarse en temas políticos y que el comentario era enteramente opinión personal del futbolista alemán de origen turco.

Postura que no sorprendió, principalmente por la importancia de mercado que significa China para los distintos clubes europeos. En específico, el Arsenal fue el primer equipo inglés en disputar un partido en el país asiático contra un combinado de estrellas de la Liga China. La relación que fue en crecimiento con constantes giras de pretemporada, la más reciente en 2017 cuando visitaron Shanghai y Beijing.

La relación comercial significó posicionarse como el cuarto equipo no asiático con más aficionados, con 4.6 millones de seguidores en la red social China Weibo.

Sin embargo, el buen negocio que desarrolla el club inglés vive un momento complicado por la opinión de uno de sus futbolistas. En Weibo, los fanáticos expresaron su descontento con el tema.

“Los aficionados del Arsenal están luchando por comprender cómo el club y el ídolo que alguna vez amaron se ha convertido en un chismoso. Por supuesto, si pretendes atacar a China, eres tan insignificante en nuestros corazones como las hormigas sucias “, publicó uno de los ahora exsimpatizantes.

Otro seguidor difundió un video en el que quema jerseys con el nombre del jugador, grabación en la que otros seguidores comentaron que llevarían a cabo la misma acción. Este caso se puede tomar como un ejemplo para evitar crisis con planificación de protocolos por parte de los clubes.

“Debe de haber un manual o lineamientos preestablecidos para que los jugadores no puedan realizar declaraciones que interpongan los intereses de un club. Tienen que tener parámetros en comentarios que afecten los ingresos del equipo, es un tema que pudo evitarse”, expresa a El Economista, Luis Rico, director de marca de Latinoamérica de la agencia de representación de deportistas Wasserman.

Pese a la compleja situación que derivó el comentario, es una manera de refrendar que antes de ser entes públicos, son individuos que defienden su ideales.

“Generalmente los deportistas son muy cautelosos o en ocasiones abiertamente cobardes en expresar sus puntos de vista políticos o ideológicos, Özil mostró lo contrario en está situación”, comenta el sociólogo Sergio Varela a este diario.

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