David Patiño no podía dejar de mirar el reloj, lo hacía con una frecuencia de cada 10 segundos, quizá menos, pero la situación lo ameritaba. En el campo, sus jugadores nulificaron al equipo campeón, la plantilla más poderosa económicamente, y él superaba a su mentor. La tensión de los últimos minutos ocasionaba que el entrenador de los Pumas volteara repetidamente a su mano izquierda, pero el triunfo 2-0 sobre Tigres mantenía a su equipo en la cima del torneo, compartido con Monterrey y América, situación que él mismo no imaginaba.

La filosofía del partido a partido encontró un nuevo representante: los Pumas, que llegaron a 11 unidades y que superaron a Tigres con goles de Alejandro Arribas y Matías Alustiza. La misma visión que implementó Diego Simeone en Atlético de Madrid y Claudio Rainieri con Leicester, equipos que disgregaron el torneo entero en batallas semanales, va desarrollándose en el Pedregal, de manera invicta y con la estimulación de superar al poderoso equipo norteño.

“Me gusta mantener la tensión de la consecución de metas todo el tiempo”, reflexionó David Patiño al finalizar el partido.

Para el entrenador de los Pumas, el triunfo se construye desde el primer entrenamiento de la semana. También con las victorias individuales de sus jugadores, como Luis Fernando Quintana, que nulificó a André-Pierre Gignac y Enner Valencia, a este último con una barrida para estrellar el balón en el delantero y así evitar que el atacante se dirigiera a la portería sin obstáculos.

Los duelos individuales los ganó siempre el equipo Universitario, como al minuto 17, cuando Alejandro Arribas se adelantó a Juninho, el defensa de Tigres, en un remate de cabeza que venció a Nahuel Guzmán, y significó el primer gol del partido.

Fue el signo de la confianza, para asfixiar a los rivales con centros desde los costados, obra de Pablo Barrera y Jesús Gallardo, a quienes los defensas de Tigres no pudieron detener.

Cuando el equipo de Ricardo Ferretti pudo crear el primer disparo a gol del partido, con un remate que salió desviado de la portería de Alfredo Saldívar, un minuto después cayó la anotación de Matías Alustiza, el tanto que confirmaba la superioridad sentimental de los Pumas sobre sus rivales.

El “cholismo”, como se conoce a la filosofía de Diego Simeone en Atlético de Madrid, indica que los equipos con la etiqueta de víctimas, incluso ganan la simpatía de aficionados de equipos rivales cuando logran derrotar el poder hegemónico en el futbol. Pumas con el carácter humilde de su entrenador, con refuerzos que llegaron a mostrar su valía y superando al campeón, apenas es el segundo equipo que deja sin marcar a los delanteros de los Tigres, en los últimos 11 partidos de Liga.

“Conozco la volatilidad del entorno, pero considero que los jugadores han entendido de lo que se trata (...) si logramos conseguir las metas cortas, sabemos que podemos conseguir las metas a mediano plazo”, añadió el entrenador de los Pumas.

Incluso no importó que Nicolás Castillo no se hiciera presente en el marcador, cómo autor de más de la mitad de las anotaciones del equipo, el delantero chileno cumplió el rol de amenaza, para que sus compañeros aprovecharan los descuidos de los rivales.

El quinto partido de Pumas en el torneo terminó en felicidad, con una afición entregada a su equipo y la confianza de un grupo que se vislumbra como aquel Atlético de Madrid que logró el título de Liga en el 2014, o el cuento de hadas de Leicester en el 2016 en la Premier League.

“Humildad, trabajo y metas cortas”, menciona David Patiño como las claves para seguir en la cima, invicto, después de cinco juegos.

eduardo.hernandez@eleconomista.mx