La pista del Estadio Olímpico de Londres, última evolución de las de los Juegos de Beijing 2008 y los Mundiales de Berlín 2009, en las que la superestrella de la velocidad Usain Bolt batió récords mundiales a cada vez, es una superficie que permite "volar y saltar".

"Da la impresión de que te propulsan por la espalda", señaló la estadounidense Tianna Madison, el viernes tras las series de los 100 metros planos femeninos.

"Uno se siente llevado por un fenómeno de embudo al final", agregó la francesa Véronique Mang.

Una empresa italiana, Mondo, fabrica las pistas y otras instalaciones deportivas para los grandes acontecimientos desde los Juegos de Montreal-76. Tras el revestimiento azul eléctrico del "Nido" futurista de Pekín y del monumental estadio de Berlín, la compañía volvió al clásico color "tierra batida" para el Mondotrack desplegado en la capital británica.

Según los investigadores e ingenieros de la Universidad de Pavía, que trabajan bajo la dirección de Mauro Testa, fue incluso concebida, hasta las alveolos sobre los que reposa la pista, en función de las condiciones meteorológicas locales.

El sábado, los corredores de 400 metros pudieron probar la pista. El belga Jonathan Borlée "pulverizó" su récord nacional en las series con un registro de 44.34.

El velocista británico Harry Aikines-Aryeetey, que descubrió el excepcional rebote en mayo pasado con ocasión de los campeonatos universitarios, predijo un récord del mundo de Bolt "si las condiciones atmosféricas son buenas".

"Hice una prueba con una pelota de críquet. En una pista normal rebota hasta la rodilla. En la del estadio olímpico hasta la cadera", explicó.

ERP