El socialismo soviético había hecho lo necesario para dominar gran parte de la Europa del este, controlarla, manipularla y colocar con el Pacto de Varsovia el bloque más fuerte en contra del llamado imperialismo yanqui a mediados del siglo pasado.

Las formas para controlar la meseta del este europeo habían sido de todo tipo. Desde las más pacíficas hasta las más violentas. Para 1956, Hungría vivió la furia del Ejército Rojo que mató a más de 5,000 rebeldes, quienes osaron hablar de abandonar el bloque que encabezaba Rusia.

Para el Mundial de Chile 1962, ya habían pasado seis años de aquel acontecimiento. Rusia estaba en el Mundial y Hungría apenas se reponían de su revolución nacional. Pero los rusos se encontrarían en Arica, Chile, a un enemigo que les había guardado el rencor por ese periodo de tiempo.

Entre casualidad y destino, Joao Etzel Filho tenía en sus manos pitar un partido de Rusia.

El rival de los socialistas era Colombia, una nación que poco figuraba en aquel entonces en el panorama internacional. Y así, a falta de 30 minutos para terminar el partido, los rusos ganaban con normalidad 4-1 a los sudamericanos.

Pero Joao, árbitro brasileño, colaboró con la hombrada colombiana. El partido terminó 4-4. Era una hazaña lo que había ocurrido en Arica. Y es que Rusia montaba a uno de los mejores equipos del torneo y de paso, tenía al que es considerado quizás el mejor portero de todos los tiempos, la Araña Negra, Lev Yashin, quien en menos de 30 minutos había recibido tres goles.

Y con todo eso, Colombia remontó. Pero Joao, como lo admitió años después, fue quizás el mejor jugador , colombiano. Sus decisiones en la cancha afectaron a Rusia. Permitió entradas a los sudamericanos y colaboró en al menos dos jugadas que culminaron en gol.

Yo empaté aquel partido. Soy descendiente de húngaros y odio a los rusos desde la invasión soviética a Hungría en 1956 , declaró años después. Y lo hizo.

Etzel Filho festejó el empate como una victoria, lo que fue para él, un pequeño homenaje a los húngaros revolucionarios. En realidad lo único que logró el árbitro brasileño fue una tarde de contrariedad a los rusos, no más. Pero para él fue un triunfo casi de guerra.