Johannesburgo. Un equipo sin bases psicológicas termina eliminado, abrumado, pidiendo la hora. La autopsia a la que le cuelga una cinta en el cuello dice: A México le liquidó su ausencia de autoestima . Errores y ayuda arbitral completaron un veredicto decretado desde que se conoció el duelo: el Tri estaba liquidado.

Lo que inició el árbitro Roberto Rosetti al dar por válido un gol en claro fuera de lugar terminó por enterrar la afición mexicana que a 10 minutos del final empezó a abandonar el estadio. La fe se acabó, el Tri había fallecido ya hace rato en el Mundial. Argentina ganó 3-1 sin despeinarse, en realidad sin jugar, un poco de inercia bastó para matar a un rival que le urge el diván para curarse.

Al principio todo estaba equilibrado. Y como ya es un guión, México se puso a la altura de Argentina 20 minutos. Luego llegó Messi,­ filtró a Tévez que disparó, pero rechazó el portero y le cayó a un argentino quien volvió a darle al jugador del Manchester City, pero estaba en fuera de lugar y gol.

La pantalla del Soccer City exhibió las imágenes de la jugada y los jugadores mexicanos fueron al reclamo. La historia no cambió. Se marco la anotación.

Ahí México se cayó a pedazos y se desconcentró. Sin fortaleza mental, el equipo de Aguirre se derrumbó. Osorio cedió a Higuaín, aunque su destino original era Pérez, y con la clase de un demoledor del área el caso está perdido y lo estaba 2-0. Luego un disparo de Tévez, una genialidad puso el 3-0.

Aguirre dejó de gritar, de ser El Vasco que inició el Mundial. En la segunda mitad, luego del tercer tanto opto por irse a una esquina de su banquillo a mirar el paseo del equipo de Maradona, un día de campo. Ya veremos qué pasa mañana , dijo el día previo al partido el entrenador mexicano, pero lo que pasó es que no pasó nada. Lo de siempre, nuestro límite es el cuarto partido y no estamos para más.

El grupo comenzó a desintegrarse, se partió con errores y jamás se supo de él, no se volvió a encontrar. Primero entró en estado de coma, luego muerte cerebral y luego un funeral.

Argentina tiene pasta de campeón. Así, quizás con medio motor sin meter 100% de su potencial sobrellevó el partido, le espera en cuartos de final la Selección de Alemania, una alemana que sí es cosa seria.

La buena noticia es el gol de Javier Hernández. Una media vuelta y un disparo que confirma que tiene nivel de Europa. Una anotación que hace menos deshonrosa una derrota que México perdió en el carácter y la autoestima.

Luego del tanto del recorte se imaginaba la reacción. Pero si acaso faltaba una lección más de realidad, Argentina hizo un par de ajustes y amarró los intentos del Tri.

Es verdad que el quinto partido no es imposible, lo que sí lo es con esta Selección. Es momento de ir a casa, como cada cuatro años por estas fechas.