La tarde se fue cuesta arriba, los toros de Jaral de peñas acusaron aspereza, genio, debilidad y dificultades; ni Joselito Adame, ni Sergio Flores habían podido meterlos en la canasta y para colmo, Pablo Hermoso de Mendoza erró con los rejones de castigo y tiró por la borda cuando menos tres orejas.

Pero llegó el cierra plaza, feudal de nombre y que también acusó debilidad pero algo de nobleza y recorrido que el torero tlaxcalteca no desaprovechó y desde su salida lo lanceó con verónicas cadenciosas y le realizó un quitazo por gaoneras que a muchos puso de pie.

Los subalternos pasaban fatigas para colocar al toro en banderillas y Sergio salió disparado del burladero de matadores a poner orden. Con dos lances sin tocar de más al astado abrevió el segundo tercio, se fue muleta en mano a los medios del ruedo, citó de largo y el burel se arrancó... estatuario, el de pecho, por la espalda, luego por alto, trincherazos y otros pases de los que su enemigo salía suelto y buscaba el refugio de las tablas para evitar la reunión.

Flores, a base de valor, le hilvanó tres tandas poderosas por el lado derecho sin dejar que su enemigo se retirara del engaño, siguieron un par de dosantinas que literalmente pusieron a la gente de pie para gritarle ¡Torero! ¡Torero!, luego se tiró a matar y metió la espada hasta la empuñadura en un soberbio estoconazo que le valió la petición de rabo y que el juez valoró con dos orejas y la consabida salida en hombros, amén de alzarse como el máximo triunfador en la campaña.

En su primero, un toro áspero con dificultades, sobresalieron los naturales y la tanda de manoletinas junto con la estocada recibiendo, para ser ovacionado.

En cuanto a Joselito Adame, porfió con un áspero, con genio y dificultades, y otro débil sin trasmisión. Su balance fue breves palmas y abucheos.

Pablo Hermoso de Mendoza por su parte, hizo gala de su dominio de monta a la alta escuela. A bordo de Disparate y Dalí vivió sus mejores momentos, banderillas cortas, cabriolas, piruetas y toreando de costado para traer pegado a la grupa al burel por toda la circunferencia del ruedo puso por momentos la plaza en pie para ovacionarle; sin embargo, a la hora de matar, falló con los rejones de muerte hasta en tres ocasiones en ambos toros y le aplaudieron al término de sus respectivas actuaciones.