La plaza registró mucho movimiento desde las 2 de la tarde, la expectación por ver a José Tomás provocó que los aficionados no se confiaran y prefirieran esperar en sus localidades para presenciar lo que hasta ese momento se vislumbraba como un festejo histórico, mismo que se cumplió a medias hasta que brincó al ruedo el sexto toro de la tarde, de Los Encinos, y que Joselito Adame no desaprovechó para cortarle las dos orejas, mientras el de Galapagar obtuvo una del primero de la tarde que le protestaron.

Sonaron parches y metales a la hora señalada, la gente rugió con el grito de olé al iniciar en las alturas el pasodoble Cielo Andaluz y admiró la parsimonia con la que los alternantes cruzaron el ruedo.

Una vez terminado el paseíllo, el doctor Rafael Vázquez Bayod y su equipo fueron ovacionados por su intervención al salvarle la vida al subalterno Mauricio Martínez Kington y saludaron en el tercio.

El público pidió con sus aplausos, la presencia en el tercio de los alternantes, dos toreros consentidos, cada uno en su estilo, a los que ofrecieron calurosa ovación.

El tráfico horas antes de iniciar la corrida fue intenso, llegar a la plaza se convirtió en un recorrido entre puestos de comida, suvenires, gente y automóviles, mientras por el primer carril de la avenida, un grupo anti taurino era flanqueado por policías mientras lanzaban expresiones como: Toros sí, toreros no en rechazo al espectáculo taurino.

Eso no demeritó el ambiente de fiesta entre las personas que entraban al coso. La ilusión de estar en un lleno como no había hace muchos años, de ser parte de un evento histórico y de ver un torero de leyenda como José Tomás los animaba.

Salió el primero de la tarde, Bellotero de Los Encinos que le correspondió al de Galapagar, un burel débil y descastado al que el torero español le extrajo pases de mucho mérito tras pisarle los terrenos, y fue tanto lo que se arrimó, que fue prendido hasta en dos ocasiones en las que quedó a merced de su enemigo y no pasó a mayores por la rápida intervención de la cuadrilla.

El mítico Tomás, ni siquiera volteó a verse la ropa, volvió frente al astado y le hilvanó otra tanda que remató con el pase del desdén, pero la colocación de la estocada y las protestas de un sector del público, le motivaron para entregar el apéndice que le otorgaron a su peón de confianza y saludó en el tercio.

Con el segundo de su lote, de Fernando de la Mora, toreó por ambos lados con suavidad y lentitud, le corearon fuerte una tanda magistral en las postrimerías de la faena y los pinchazos antes del golpe de descabello, le alcanzaron para saludar en el tercio luego de escuchar un aviso.

El tercero de su lote fue devuelto tras las protestas de la gente por falta de trapío y salió el primer reserva de Xajay, pero al tener este menos caja y presencia, cara de novillo y baja estatura, el público aumentó las protestas iniciales y para colmo, el burel no se prestó para el lucimiento, abrevió y le abuchearon tras un aviso.

Por su parte, Adame, recibió a Seda Gris, uno de Fernando de la Mora, con el que estuvo variado con el capote, estático en los pases por alto y con las zapatillas sin mover en las tandas, pero se le fue la mano abajo al tirarse a matar y terminó en silencio luego de escuchar un recado desde el palco de la autoridad.

Con el segundo de su lote, un toro de Los Encinos falto de raza y que terminó rajado, tuvo voluntad y escuchó breves palmas al término de su labor.

Lo mejor llegó con el cierra plaza, el aguascalentense lanceó variado, quitó por zapopinas y le brindó su actuación a José Tomás. En la faena de muleta, le pisó en demasía los terrenos a su enemigo para extraer tandas muy ajustadas, le ovacionaron su valor al meterse entre las astas del burel y los pañuelos salieron a relucir después de matar recibiendo para recibir dos orejas, que extrañamente, le protestó otro sector del público cuando se las entregaban.