La asistencia fue superior. El tendido numerado casi llegó al lleno, un aproximado de 20,000 personas, quienes presenciaron el festejo del LXXII aniversario de la inauguración del Coso Grande del país y donde el triunfador fue el galo Sebastián Castella, quien, tras una sobria faena al segundo de la tarde se llevó a su espuerta el solitario trofeo que se entregó en esta corrida.

Salieron por la puerta de toriles nueve toros de Jaral de Peñas por un sustituto del sexto de la tarde que se despitorró al encuentro con el caballo, infortunadamente resultaron sosos, con tendencia a rajarse buscando el refugio de las tablas, y de los que sólo se salvó el segundo de la tarde, de nombre Luminoso, que fue socio idóneo para el triunfo del torero francés.

Con este ejemplar, Castella realizó un vistoso quite, luego invitó a su banderillero de confianza, Rafael Viotti a saludar en el tercio a petición del respetable pues éste colocó dos pares con mucha exposición y riesgo.

Lo demás fue una faena de cabeza fría, con firmeza y una muñeca privilegiada que le marcaba los tiempos a su enemigo para pasar muy cerca del cuerpo del torero por el lado izquierdo, con clase, temple y despaciosidad, atributos que se repitieron en los adornos, las dosantinas y los pases de trinchera con elegancia y buen gusto y como colofón una tanda de manoletinas y una estocada tendida y algo baja que no demeritó la fuerte petición del público para que le fuera otorgada la solitaria oreja del festejo.

El sexto se desprendió el pitón al encuentro con el caballo y fue sustituido con otro de la misma dehesa que resultó sin trasmisión. Con este mostró voluntad, estuvo sobrio y con oficio, pero mató al tercer intento y le aplaudieron.

Abrió plaza Jerónimo, quien enfrentó un par de astados que terminaron por rajarse y con los que mostró el buen gusto y quehacer que atesora. Con el abre plaza hizo una faena recia frente al burladero de ayuda y lo llamaron a saludar en el tercio una vez que lo pasaportó; al quinto de la tarde, que terminó refugiado en tablas, le buscó la faena y mató de estocada tendida para escuchar breves palmas al término de su labor.

Por su parte, el diestro hidrocálido Joselito Adame enfrentó al tercero, un toro soso sin trasmisión al que toreó en redondo y mató de estocada baja para retirarse en silencio. En el séptimo Adame lució en lances y quite, le jalearon los estatuarios y la tanda en redondo, pero un sector del público se metió injustamente con él y luego de matar recibiendo y con un golpe de descabello saludó en el tercio entre división de opiniones.

El benjamín del festejo, Andrés Roca Rey, estuvo tremendista y valeroso ante un toro rajado para escuchar ovación y con el cierra plaza, mostró voluntad y deseos de agradar, pero se le fue la faena a menos por las malas condiciones del burel y obtuvo silencio al término de su actuación.

erp