El partido donde Santiago Solari debutó como entrenador de Real Madrid cumple con todas las cualidades de un escenario kafkiano, o al menos así lo hubiera calificado el entrenador argentino, si en lugar de dirigir a los jugadores blancos, asumiera la función de columnista, como lo hizo para El País y la revista Líbero.

Un evento absurdo, contradictorio. Hace dos días lo nombraron técnico del segundo equipo con mayor valor como marca del mundo (unos 4,088 millones de dólares), su primer partido lo dirigió ante un equipo de Tercera División, Unión Deportiva Melilla, válido por la Copa del Rey y en un territorio que geográficamente se encuentra en África, pero que pertenece al Estado español.

El primer texto de Solari en el diario El País se llamó “Gol de Kafka”, donde explicaba el entorno y las implicaciones para la cultura futbolística sobre las sanciones a futbolistas juzgadas a través del análisis del video en un partido entre Nápoles y Juventus, en el 2007.

Su interés radica en cómo una jugada puede prolongar la duración de un partido, no en términos de minutos totales en la cancha, sino sobre la discusión, acuerdos, apelaciones y trámites para ejercer justicia de una sola jugada. En ese caso, era la expulsión de Marcelo Zalayeta.

Los medios españoles ubican a Solari en la corriente valdanista, y más allá de las similitudes por su estilo de juego, Santiago tomó la estafeta de Jorge Valdano en torno a dos temas: los libros y la escritura.

Quienes han documentado su vida privada indican que su autor favorito es Jorge Luis Borges y, entonces, el gusto de Solari cae en una nueva contradicción, ya que al escritor argentino no le gustaba el futbol.

“El futbol es popular porque la estupidez es popular”, llegó a decir el escritor argentino.

Pero Solari encontró un vínculo entre la pelota y las letras. Escribió —no en forma continua— para El País como columnista del 2007 al 2015. También escribió las experiencias de ser compañero de equipo de Enzo Francescoli para la revista Líbero, y su último texto se lo dedicó a Raúl González, su compañero en Real Madrid, durante la primera etapa de Los Galácticos de Florentino Pérez.

Solari cultivó gusto por la lectura, el piano y el ajedrez. Puso en práctica su prosa y reconoce que las labores del periodista deportivo “aunque son molestas para el futbolista, son necesarias porque le da valor agregado al show”; todo eso sucedió mientras cursaba los estudios para convertirse en entrenador e ingresar como técnico a las categorías infantiles del equipo español en el 2015, justo cuando dejó la escritura. Ahora le toca escribir su legado al frente del Real Madrid.