En un principio fue la debilidad de los toros, después, el público perdió la ilusión de un triunfo debido a las fallas con la espada de parte de Lupita López y al final, la undécima corrida de la Temporada Grande en La México terminó inédita.

La matadora yucateca era otra, parecía ausente, mostraba una rara dureza en el rostro y al abrirse de capa con el tercero de la tarde, que fue el mejor sin llegar a ser excelente, no plantaba los pies en la arena.

Luego de los lances en los que fue desarmada en varias ocasiones, López tomó la muleta una vez que su cuadrilla cubrió el segundo tercio, la creación sublime daba inicio, los pases por el lado derecho estaban cargados de temple y se empezó a sentir que la yucateca estaba cerca de alcanzar el triunfo.

No obstante, se cambió de mano el engaño y se empeñó en hacer pasar al toro por el lado natural cuando éste metía la cabeza muy humillado por el otro lado y la faena se le fue a menos.

Para colmo, a la hora de oficiar con el acero, dejó un bajonazo que tuvo inmediata respuesta del público que, con gritos y silbidos, le recriminó que se le fuera la mano tan abajo y al terminar dividió las opiniones.

En el que cerró plaza, el picador Luis Miguel González fue multado desde el palco de la autoridad por exceder el castigo en varas y la joven torera estuvo a la deriva, se eternizó con la espada y escuchó dos avisos.

Galán dejó constancia ?de técnica

Roberto Galán derrochó técnica y conocimientos, ante su inválido primero con el que confirmó su alternativa. Instrumentó pases de mérito, llevándolo a media altura, y lo mató con media estocada para saludar en el tercio.

El viento y las malas condiciones de su segundo le obligaron a abreviar y se retiró en silencio tras un aviso.

Téllez lució en banderillas

Israel Téllez luchó con lo menos potable. En su primero abrevió luego de cubrir el segundo tercio con valor, dejándose llegar mucho a su enemigo y sin faena de por medio, por lo que terminó su labor en silencio.

También brilló en banderillas al enfrentar al cuarto, pero se eternizó con la espada y acabó su trasteo entre la indiferencia del respetable que asistió a La México.