La recepción fue un ambiente de fiesta, colorido y esperanza. Las interpretaciones del Mariachi Arroyo entre las que se llegaron a disfrutar melodías como La Bikina, El Pastor y donde no faltaron los taurinos pasodobles, fueron preámbulo de la gran convocatoria que generó el torero de Iztacalco.

Juan Luis Silis acompañado de su esposa, hijo, padre y algunos familiares más, escuchó el agradecimiento que se daba a los alternantes por su buen gesto, a los ganaderos por la aportación de los novillos y a todos los involucrados para que el festival se hiciera posible.

Tras la entrega de reconocimientos y visiblemente emocionado, el alumno de Mariano Ramos se dirigió a sus benefactores y al público en general: Esta es una noche que quedará dentro de mi mente y de lo más grande que me ha sucedido. ¡Muchas Gracias! , comentó.

LA PARTE TAURINA

Una muy grata sorpresa fue que los ganaderos de Torreón de Cañas, Rancho Seco, De Haro, La Soledad, La Punta y El Vergel (que su novillo fue premiado con los honores del arrastre lento por su codicia y calidad), mandaron ejemplares con presencia, edad, peso y seriedad.

Rodolfo Rodríguez El Pana dio Vuelta al ruedo luego de realizar un toreo muy en su estilo agitanado, en donde destacó su trasteo al natural.

Federico Pizarro demostró que atraviesa un gran momento tras una faena llena de poder, temple y sentimiento, pero dejó mal la espada y recorrió el anillo.

Juan José Padilla, enfrentó un astado áspero, difícil, complicado y con sentido, al que se dio el lujo de colocar dos excelentes pares de banderillas y tuvo que cazar en la suerte suprema para dar la vuelta al redondel.

Jerónimo se las vio con un novillo parado, que regateaba las embestidas y con el que tuvo breves destellos por el lado derecho. Lo llamaron a saludar en el tercio.

Por su parte, Sergio Flores aprovechó las buenas condiciones de Matador de El Vergel, con el que logró todo para cortar cuando menos dos orejas, sin embargo, tardó en matar y dio la vuelta al ruedo con mucha fuerza.

El yucateco y francés Michel Lagravere, lidió un astado con tendencia a rajarse y que se refugiaba de continuo en tablas, al que luego de un toreo en su terreno, le hilvanó pases aislados que le sirvieron para la fuerte petición de la oreja concedida luego de matar de manera deficiente.

Al término del festejo la concurrencia disfrutó la muestra gastronómica donada por los restaurantes participantes y, sin importar la falta de más triunfos, la poca colaboración de algunos de los astados o que el día fuera entre semana, la familia taurina una vez más cerró filas en torno a uno de sus hijos consentidos, el admirado, beneficiado y máximo triunfador del festival: Juan Luis Silis.