Los problemas entre la directiva cruzazulina dibujan una situación compleja al entrenador uruguayo, Robert Dante Siboldi. Sin embargo, remar contracorriente ha sido una constante en su carrera que le ha permitido experimentar el éxito y fracaso.

Con Santos Laguna, pasó de ocupar el puesto de Eduardo De La Torre como entrenador interino, hasta lograr el título del Apertura 2018 a sólo siete meses de tomar el cargo principal. Mientras que con los Tiburones Rojos del Veracruz tomó al equipo en el último lugar de la tabla de cocientes y no logró remontar la situación con cuatro partidos empatados y diez perdidos en 14 encuentros de liga.

El mismo entrenador reconoció en rueda de prensa la drástica situación que significó el cambio de equipo al no poder salvar del descenso a los Tiburones Rojos.

“En tan poco tiempo estuve en la gloria y tan poco tiempo después estuve en la caca, de esto sólo me queda aprender”.

Mario Trejo, ex director deportivo de Veracruz durante la dirección de Siboldi cuenta a El Economista, que a pesar de los resultados, una de las principales características del método de trabajo del técnico uruguayo, siempre fue el compromiso.

“Ha crecido en un proceso que no ha sido fácil y le ha configurado una personalidad para ser un entrenador de primer nivel. En nuestro tiempo en Veracruz, siempre me llamó la atención su compromiso y el de su cuerpo técnico, porque ante una situación tan compleja, de repente encuentras actitudes negativas, en él encontré a un gran profesional”, expresa Trejo.

Los dos principales hombres de confianza de Siboldi, son: el preparador físico Pablo Gabril Sanguinetti, quien lo ha acompañado desde que comenzó como entrenador del Cruz Azul Hidalgo en el 2009 y Gonzalo Cigliuti Bianchi, auxiliar técnico, con quien trabaja desde su éxito con los laguneros.

“Él sabe cómo hablarle y acercarse al jugador. La relación que tienen y empatía con el plantel es muy buena. Lo de afuera siempre se maneja, pero lo de adentro, la médula es lo que hay que afrontar día a día y ellos lo manejan excelente”, señala Trejo.

Entre los 17 y 18 años, Robert Dante se dedicaba a trabajar en un taller mecánico de 8 de la mañana a 12 de la tarde; después a las 3 de la tarde entrenaba con el Peñarol en un campo de entrenamiento que se encontraba a dos horas de distancia de su trabajo, además sus prácticas como futbolista terminaban a las 6 de la tarde, después estudiaba y regresaba a casa al rededor de la una de la mañana.

Con poco tiempo y demasiadas actividades, llegó el momento de tomar una decisión. Se decantó por el futbol, principalmente porque Oscar Washington Tabarez, actual entrenador de la Selección de Uruguay, le prometió que contaría con una mayor cantidad de minutos. Pero la propuesta no se cumplió. Siboldi aprendió una lección: desde que comenzó como entrenador se prometió nunca realizar una promesa a un futbolista que dirija, que no esté en sus posibilidades cumplir, porque no sabe todo lo que puede influir detrás de la decisiones de vida de una persona.

A pesar de la falta de oportunidades  y la promesa no cumplida por Tabarez, cambió de equipo al Gimnacia, que después le permitió realizar una carrera como portero en el futbol mexicano, que involucró pasar por Atlas, Cruz Azul, Puebla y Tigres.