Eulalio López El Zotoluco, José Antonio Morante de la Puebla y Octavio García El Payo, estrellaron sus ilusiones de triunfo al fallar con la espada o por la poca colaboración de sus enemigos en la decimoséptima corrida de la Temporada Grande en la Plaza México, segunda de aniversario.

El Zotoluco realizó dos magistrales faenas, tanto con un toro excelente de San Isidro y de nombre Gente Buena, como con el complicado de Barralva, Villa Nueva de nombre, a los que les dio la lidia adecuada y con los que perdió las orejas por sus fallas con la espada.

Una lidia con poder, arte y recorrido le instrumentó López a su primer enemigo, que de acuerdo a su calidad, nobleza y codicia recibió los honores del arrastre lento, para que las series se repitieran una detrás de otra en un concierto de temple, poder y sentimiento que caló hondo en la gente que asistió al coso.

La estoque quedó entero, el toro tardaba en doblar y la desesperación le provocó al diestro chintololo ir por la espada corta de descabello, fue ahí donde se eternizó al no encontrar el tronquillo y luego de cinco golpes consiguió despachar al burel para perder los triunfos conseguidos y saludar en el tercio entre fuerte ovación.

En su segundo, un toro complicado, hizo gala de valor y sabiduría en la muleta, para extraer muletazos de gran calidad por ambos lados que fueron coreados por el público asistente, pero que malogró de nueva cuenta con la espada y todo quedó en ovación.

ASÍ ES MORANTE, UN ARTISTA

El diestro sevillano, por su parte, vio algo que no le gustó en su primero, al que luego de algunos pases aislados, despachó de tres pinchazos y entera para ser abucheado. En el quinto de la tarde parecía que repetiría la hazaña conseguida en su presentación, pero las pinceladas de arte fueron efímeras y luego de pinchar dos veces, colocar media estocada, escuchó pitos tras un aviso.

EL PAYO SE RECONCILIA ?CON LA AFICIÓN

La voluntad, tesón y entrega de Octavio García se manifestaron en sus dos actuaciones, mismas en las que derrochó valor, temple y sentimiento para ser ovacionado y dar la vuelta al ruedo en el último de la noche.