“Un jugador de tenis siempre es muy difícil poder determinar hasta dónde puede llegar, en ese sentido, Diego Schwartzman nunca tuvo una limitación mental, de decir que pudiera superar tal o cual adversidad. Él apostó que el trabajo puede llevarte a lugares impensados (...) Desde muy chico tuvo que creer en las posibilidades que tenía más allá de las limitaciones y eso hace que todo lo puedas pelear”, menciona  Javier Frana, extenista y comentarista para la cadena ESPN.

Para que el argentino Diego Schwartzman ocupara un lugar entre los mejores tenistas del mundo tuvo que enfrentar dos situaciones: su estatura, ya que es más bajo en comparación con el tenista promedio (1.85 m), y la carencia de dinero cuando comienza a practicar el deporte, ya que Argentina vivió una crisis económica en los años 90, significó la quiebra de una empresa familiar. Al inicio costear la carrera del tenista resultó un gran reto.

Fue a los 13 años cuando un médico le comentó a Diego que no crecería más de 1.70 cm, y aquel adolescente le comunicó a sus padres que no continuaría jugando tenis, deporte en el que había comenzado a los seis años.

El comentario recurrente que recibía el chico de Buenos Aires era relacionado sobre lo que podría lograr si fuera 10 centímetros más alto. Lo que logró es colocarse en el lugar 11 en el ranking de la ATP, sí está entre los mejores tenista del mundo, lo cual le tomó aproximadamente nueve años.

Javier Frana describe que el tenista argentino nunca vio amenazas en las debilidades, “trabajó en otras cosas que llegarían a compensar y convertirse en un excelente jugador de tenis. Hoy, es un jugador muy rápido, juega muy fuerte, cosa que es muy meritoria por su estura, es hábil y tiene una gran regularidad. Entre la velocidad y la regularidad se convierte en un rival muy difícil para cualquiera”.

Es 6 de junio y el español Rafael Nadal llega a cuartos de final de Roland Garros con una marca de 37 sets ganados de forma consecutiva y su rival es el argentino Diego Schwartzman, quien se encarga de ponerle fin a la racha, al ganarle el primer set, aunque el encuentro lo pierde —en total se habían enfrentado en cinco veces (14 sets) y la ocasión previa en que el argentino había ganado un set sucedió en los octavos de final de Australia—.

El tenis lo comienza a practicar Diego Schwartzman por influencia de Silvana, su mamá, quien lo practicó a nivel amateur y describió para el portal del ATP que su hijo mostró interés por el deporte y le pegaba a la pelota con un cucharón de la cocina para hacerla rebotar en la pared. “Tenía un timing increíble. También jugaba en los pasillos largos del club con mi marido y ambos se la pasaban horas en la cancha cuando entonces no superaba la altura de la red. A pesar de eso, nunca quiso tener raqueta chiquita, siempre grande”, recuerda Silvana, quien eligió el nombre de Diego para su hijo en honor al futbolista argentido Diego Maradona.

Cabe señalar que el ahora tenista también practicó futbol, pero no lo hacía igual que en tenis, en donde demostraba personalidad y se imponía ante rivales que eran más grande que él, según la descripción de su mamá.

El chico de 25 años tiene muy claro que la única forma de mejorar en el deporte es seguir trabajando. El tenista cuenta en una cápsula para Microsoft que la diversión también es muy importante para él y “la sigo buscando como cuando era niño y quizá por eso todavía me llaman el peque”.

El hecho de que un jugador de las características de Schwartzman se coloque entre los mejores del mundo, para el también argentino Javier Frana significa un ejemplo para la chicos  y añade: “los deportistas en general se transforman en los mejores, pero no porque estén destinados a serlo, sino porque en muchos casos apoyaron su evolución en el escuchar,  trabajar, en la superación constante y en algunos les tomó más esfuerzo y está bueno que no sólo los buenos o los que están arriba en el ranking sean los talentosos”.