“El buen ampáyer es el que no se nota, el que no se involucra. Mi padre me lo dijo, el beisbol es nueve contra nueve, esos 18 hacen el juego, nosotros somos los jueces, pero nadie paga el boleto por ver un ampáyer, todos pagan por ver al pitcher o al jonronero del momento”, menciona Humberto Saiz, ampáyer de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB) y quien ha ejercido dicha profesión por 37 años.

El originario de Hermosillo, Sonora, fungió por primera ocasión como ampáyer a los 14 años. Fue a petición de Jesús Alcántar, amigo de su papá, para suplir a una persona en un juego de softbol.

En esa primera ocasión, le dieron 210 pesos, los cuales gastó para comprarles raspados a sus amigos. Era el año de 1978.

Después de aquella ocasión, Humberto al terminar de jugar futbol los sábados por la tarde, pasaba a checar al campo de softbol para ver si algún ampáyer había faltado.

En su adolescencia pensó ser futbolista. “Mi sueño era ser defensa. Pero en mi casa desayunábamos, comíamos y cenábamos beisbol”, indica.

No pudo continuar jugando futbol porque lo operaron en dos ocasiones de la rodilla, porque su papá también desempeñó esa misma profesión, al igual que sus dos hermanos.

A los 17 años Humberto entró a la Academia de Pastejé, donde permaneció un año. Su padre siempre le inculcó que para ser un buen profesionista, primero debía ser un buen ser humano.

Él debutó como ampáyer en marzo de 1982, en un juego Diablos contra Tigres. Humberto tenía 18 años.

“Son cuatro décadas diferentes, se me fue la juventud y, para muchos la vida, pero no me arrepiento. Me siento digno de ser ampáyer. Poco a poco he aprendido a amar esto. Ya me di cuenta que nadie va a ser más grande que el juego”, menciona.

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“En los años 80, no teníamos psicólogo ni nutriólogo. Había un preparador físico. Nos parábamos a las 6 de la mañana a correr todos los días”, recuerda Saiz.

Además, de la preparación física se ponía énfasis en aprenderse las reglas del juego, esto se limitaba a un libro y proyección de acetatos.

La formación de alguien que busca impartir justicia en un campo de beisbol se ha procurado sea integral y también la evaluación que les realizan a los aspirantes porque involucra aspectos físicos, psicológicos y técnicos.

Ahora, aparte de tener al preparador físico, cuentan con una nutrióloga y psicólogo.

“Estuve en la Academia de Pastejé y no teníamos todas las comodidades que tenemos. Los muchachos ahora tienen una beca, seguro social, tienen todas las comodidades que el centro de alto rendimiento proporciona y se ha dado ese empoderamiento a los ampáyeres”, describe Luis Alberto Ramírez, director de ampáyeres de la LMB.

También se cuenta con más herramientas para la capacitación e interpretación de las reglas con videos, manuales, entre otros recursos.

La formación de un ampáyer lleva entre 18 y 24 meses, depende del avance que registre cada persona. Por año, ingresan al centro de alto rendimiento de la Liga entre 10 y 13 personas, pero sólo llegan de dos a cuatro a la LMB.

La razones por las que alguien decide no continuar en su formación puede ser por cuestiones familiares, personales, en otros casos piden permiso para concluir una licenciatura y han regresado o simplemente porque se dan cuenta que no es la labor que quieren desempeñar.

De las personas que son seleccionados algunos cuentan con experiencia previa en ligas amateurs, de hasta tres años, pero también tiene casos en los que sólo han jugado el deporte.

“Para nosotros es mejor que nunca haya ampayado, porque no tiene vicios o malos hábitos, se nos dificulta un poco eliminar esas prácticas, pero no es imposible”, comenta Luis Alberto.

En los últimos tres años, en la LMB han debutado en promedio cinco ampáyeres por temporada. Comienzan trabajando en la Liga Rookie, los que tienen una mejor van a la Liga doble A o de desarrollo, que es donde ya hay público, y posteriormente debutan en encuentros de la Liga.

De los 36 ampáyeres que trabajan, la mitad tiene más de 10 o más años de experiencia. La edad promedio es de 26 años y con siete años de experiencia.

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Con la cuarteta que le toque trabajar a Humberto suele ir con sus compañeros al estadio, por las mañanas a practicar hábitos, por una hora.

“Los muchachos están más empapados en reglas, hasta el número de reglas saben. Tenemos que decidir jugadas en dos segundos, saber qué contestar, porque 90% de las discusiones con manager o jugadores es porque no sabemos qué contestar. Como ampáyeres nos tenemos que quedar callados y escuchar todo lo que nos digan”, enfatiza Saiz.

¿Cuál es el consejo que suele dar a los más jóvenes?

Es un trabajo totalmente de concentración, le van a exigir consistencia, precisión, control de juego, porque no sólo es marcar bien las jugadas, entonces, exige concentración. Pero si no hay confianza de mi parte al muchacho, el muchacho nunca se va a concentrar porque es muy diferente estar preparado a estar listo.

Este juego es de concentración porque es pitcheo por pitcheo, out por out, inning por inning. Se trata sólo por hoy y seguir amando el juego.

—¿De qué forma evitó engancharse con todo lo que le dicen?

Escuchar a los veteranos. Armando Rodríguez, primer latinoamericano que estuvo en las Grandes Ligas, me decía: ‘Flaco, no te fijes en eso’, porque yo sí me enojaba, yo también falté el respeto al público. No soy un santo. A mí me gusta ser transparente.

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