Un fondo de inversiones destinado a eventos deportivos, a la compra de clubes de futbol, derechos de transmisiones de ligas europeas, fichajes de jugadores, infraestructura, Juegos Olímpicos Asiáticos, mundiales de Atletismo y entre otros más como el Mundial de Futbol en el 2022... todo eso es Qatar y ha invertido 211,000 millones de euros en fortalecer su presencia en una región donde sus vecinos lo superan en territorio, población, fuerza militar; sin embargo, en la única que no lo sobrepasan es en dinero.

“La inversión masiva de Qatar en los deportes como una herramienta de poder suave aún no ha resistido la prueba de fuego de costo-beneficio”, dice James Dorsey, investigador y experto en temas de Medio Oriente.

Que el mundial se realice por primera ocasión en invierno —debido a las altas temperaturas del país en el verano— y que las ligas y clubes de futbol hayan manifestado su descontento, no es una de las razones que amenazan a la próxima sede.

Tampoco que a cuatro años de que inicie el torneo, apenas un estadio haya sido inaugurado y que las condiciones laborales de los trabajadores hayan despertado críticas de organismos internacionales, que calcularon que hasta 400 trabajadores podrían morir durante las obras por el riesgo de las condiciones climáticas y explotación laboral; eso tampoco es el factor más decisivo.

Ahora, ya ni siquiera se cuestiona el proceso de designación de la sede para el Mundial 2022, donde todavía algunos dirigentes enfrentan acusaciones por corrupción, como Mohamed bin Hammam, expulsado definitivamente de la FIFA.

“Qatar busca desde hace tiempo abrazar tanto a Occidente como a personajes no políticos, pero violentos que actúan en Medio Oriente. El objetivo es transformar su riqueza en capacidad de influencia, mediando en conflictos e incluso aportando recursos a los diferentes bandos en disputa”, explicó David Weinberg, experto en los países del golfo Pérsico de la Fundación para la Defensa de las Democracias hace unos meses a Infobae.

El problema diplomático

Los principales países árabes hicieron un reacomodo al mapa geopolítico de la región, cuando en junio del 2017, Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Yemen, Emiratos Árabes Unidos, Maldivas, Mauritania y Libia decidieron romper relaciones diplomáticas con Qatar.

Cerraron embajadas, rutas marítimas y aéreas y algunas de sus aerolíneas, como Etihad Airways —la principal de Emiratos Árabes Unidos—, anunciaron la suspensión de los vuelos a Emiratos. La causa de la ruptura es que acusan a Qatar de contribuir con apoyo financiero a organizaciones y líderes terroristas.

Millones en el deporte

Qatar construyó en Rusia una isla artificial sobre el río Moscú donde en una pantalla se proyectan los 12 estadios donde el país árabe recibirá a las 32 selecciones en el Mundial del 2022. Hassan al Thawadi, CEO de la sede mundialista, ofreció entrevistas con medios internacionales, habló en inglés, francés y español.

“Somos una cultura diferente, pero el valor que tenemos es que somos un país hospitalario, queremos darle la bienvenida al mundo, por eso aseguro que todo mundo va a disfrutar. Todos tendrán libertad”, dijo el directivo.

¿Por qué un país bajo la ley islámica está dispuesto a recibir a más de 1.2 millones de extranjeros para el Mundial?

En Qatar, las mujeres no pueden portar vestimenta donde muestren rodillas y hombros; está prohibida la venta de bebidas alcohólicas para los ciudadanos del país, sólo es para extranjeros y todavía existen algunas restricciones para la libertad de expresión.

Sin embargo, el poder blanco, como el deporte, le ha dado notoriedad en una zona donde sus vecinos tienen más tiempo de vida independiente. Hasta 1971, Qatar era un protectorado británico.

Por eso, ha decidido invertir en eventos deportivos que le ayuden a obtener notoriedad y prestigio en la región, teniendo como estandarte y mayor apuesta el Mundial.

Así es la inversión de Qatar en deportes desde el 2006:

-Mundial de futbol 2022: 200,000 millones de euros (estadios e infraestructura).

- París Saint-Germain: 100 millones de euros.

-Fichajes de jugadores: 1,070 millones de euros.

-Juegos Asiáticos 2006: 3,000 millones de euros.

-Mundial de Handball 2015: 250 millones de euros.

-Mundial de Ciclismo 2016: 230 millones de euros.

-Mundial de Atletismo 2012: 700 millones de euros.

-Derechos de TV

-Champions League: 1,198 millones de euros.

-Premier League: 842 millones de euros.

-Ligue: 1 1,670 millones de euros.

-Patrocinios (Qatar Airways): 2,214 millones de euros.

Total: 211,274 millones de euros.

Qatar es un estado-nación estable y rico, aunque también es un país pequeño, con una población de sólo 2 millones 540,000 personas; de los cuales sólo 11% es nacional, el resto es población migrante. El país árabe tiene fronteras con Arabia Saudita y está en las cercanías de Irán. El área de tierra de Irán es aproximadamente 150 veces más grande y Arabia Saudita aproximadamente 200 veces más grande que Qatar.

La población de Arabia Saudita es aproximadamente 15 veces más grande que la de Qatar y en el pasado el territorio que albergará el mundial en el 2022 estuvo bajo el dominio de Bahrein (1783-1868), del Imperio otomano (1871-1916) y de los británicos (1916-1971).

Con 11,800 soldados, las fuerzas armadas de Qatar son las segundas más pequeñas en el mundo. Tan sólo en Medio Oriente, Arabia Saudita tiene un ejército de alrededor de 150,000 elementos y el ejército iraní tiene alrededor de 700,000 militares.

“Qatar se asume como el país árabe más liberal, el más independiente y que más ha apostado por eventos deportivos en los últimos años. Invertir en el éxito deportivo como una herramienta de política interior y exterior: el caso de Qatar”, señala el informe realizado por la Universidad de Beirut.

El país más pequeño de la región, el que menos vida independiente y que hasta hace 40 años no tenía la infraestructura para extraer los recursos naturales de su territorio ha despertado las protestas de sus vecinos.

“Organizando megaeventos deportivos e invertir en éxitos deportivos de élite puede ser un vehículo para el reconocimiento global y para alcanzar objetivos geopolíticos”, detalla la investigación.

Desde Uruguay 1930, el primer Mundial, no había un país tan pequeño y con menos población que haya recibido la sede. Qatar mantiene una relación ambigua con Occidente y sus países vecinos, mientras se reacomoda el mapa geopolítico, la FIFA espera que el balón siga rodando en la sede del Mundial del 2022, el primero en un país árabe.

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