El argentino charló con El Economista sobre lo que se paga en la actualidad por los futbolistas, la importancia de no perder el piso, sobre su filosofía de vida y el apoyo de su familia

 

¿Pueden los niños soñar con ser estrellas de futbol sin que esto se relacione con salarios millonarios? Walter Iván Alexis Montoya, con su acento argentino, hace un llamado a la infancia y responde “que cada niño no deje de soñar, porque sin bajar los brazos, en cualquier momento, puede llegar ese sueño y convertirse en una estrella (...) como lo llaman a uno”.

El mensaje viene del traspaso más caro del Clausura 2018. Cruz Azul pagó alrededor de 5.5 millones de euros (de acuerdo con Transfermarkt) y lo trajo procedente de Sevilla, donde en seis meses jugó cinco partidos.  Aquí en México, Cruz Azul sin título en 20 años y con una clasificación a liguilla el torneo pasado, luego de tres años de no lograrlo, mantiene actualmente la octava plantilla más cara de la primera división, con un costo de 38.6 millones de euros con 10 extranjeros.

¿Qué opinión te merece ser el fichaje más caro de la Liga?

No le doy mucha bola de cuánto se pagó o no. Lo tomo como un orgullo, estoy contento conmigo mismo. Sé que también es un reto si hablamos en la cuestión futbolística, en el último tiempo no jugué mucho.

¿Cómo administra usted su dinero?

Con el dinero, reviso que primero no le falte nada a mi familia, y tengo apenas 24 años, todavía me falta tiempo para decir si me compro acá una casa o un departamento (en México).

La era actual suele sorprender por las cantidades que se pagan por fichajes como el de Neymar, con 222 millones de euros, ¿puede el dinero enajenar a los futbolistas?

Tiene que ver con la forma como se crió uno, y si el jugador no tiene los pies en la tierra se vuelve loco. Puede ser que se sobrevalore mucho a los futbolistas. Neymar es un ejemplo, de ganar y valer tanto, eso es respuesta a su sacrificio. Creo que el futbol va creciendo y revolucionando de una manera increíble.

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En enero, en Machagai en la provincia de Chaco, al norte de Argentina, el clima ronda entre los 25 y 30 grados celsius. Su nombre significa “tierra baja y anegadiza” y la principal actividad es la agrícola, ganadera y la carpintería.

Montoya dejó su lugar de nacimiento a los 13 años, cuando se mudó a la ciudad de Rosario, a poco más de 10 horas lejos de casa, donde inició su formación futbolística en la Asociación Atlética Jorge Bernado Griffa.

En este lugar, jugó bajo la supervisión del entrenador argentino, quien ha promovido a jugadores como Jorge Valdano, Gabriel Batistuta, Julio Zamora y Carlos Tévez. Entre esos nombres aparece ya el de Walter Montoya.

Griffa, el captador de futbolistas ha dicho en entrevistas que “la escala de valores que se transmite a través del futbol puede convertirse en una guía de comportamiento futuro. El futbol es sinónimo de esfuerzo y sacrificio”.

Walter salió de Argentina a los 23 años, voló hacia España para sumarse al Sevilla, entonces dirigido por Jorge Sampaoli, quien pagó 5.5 millones de euros al club Rosario Central.

“Ahora es todo lindo pero se pasa una vida complicada, el ir a una pensión, estar con chicos que son de otros lados, provincias, irte lejos de casa. Cuando iniciaba mi carrera ser futbolista era todo un sueño, quería triunfar. Cuando me preguntan ¿qué se siente o cómo hiciste para llegar?, la verdad es que todo está en la familia y el sacrificio”, platica Montoya.

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Su familia es una constante en sus palabras. Antes de mudarse a España, pasó por un momento difícil. Su padre, Antonio Blas Montoya, falleció en la ciudad de Rosario por cuestiones médicas. En junio del 2016, Walter compartió para una estación de radio en Argentina el significado de un gol que marcó ante el Atlético Nacional cuando jugaba en el Rosario Central.

“No lo olvidaré porque estaba mi padre presenciando el partido. Venía errado con el arco y me hacía falta un gol así, fue una felicidad enorme, una emoción muy grande”, expresó el volante en aquel momento.

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El jugador argentino se adapta en México al estilo del técnico Pedro Caixinha, en el tercer club de su carrera profesional.

“Siempre me manejo como soy en mi casa, aquí o en cualquier lado. Mi esencia la manejo de perfil bajo, siempre he mantenido un perfil humilde, con los pies en la tierra sobre todas las cosas. La carrera del jugador es corta y si estuviste del otro lado, como el nene que pide la foto, un autógrafo o un saludo... eso no se le tiene que negar a nadie”.