Una triunfal corrida fue la octava de la Temporada Grande en la Plaza México, Federico Pizarro, Uriel Moreno El Zapata y David Fandila, El Fandi, se llevaron una oreja, dos apéndices y el reconocimiento del indulto 29 en la historia del coso de la colonia Nochebuena respectivamente y ante un encierro bien presentado y de diferente juego de la ganadería tlaxcalteca de José María Arturo Huerta.

Los alternantes no escatimaron en esfuerzos por alcanzar el reconocimiento de la gente en los tendidos y los triunfos correspondientes, sin embargo, y en un afán protagónico, el juez de plaza Jesús Morales provocó confusión y disgusto entre los presentes, al otorgar muy benévolamente los trofeos.

De inicio, el subalterno en retiro que presidió el palco de la México concedió la primera oreja de la tarde a Pizarro, quien luego de una faena intermitente en la que sobresalieron los naturales, mató de una buena estocada y hubo petición, pero la rapidez con la que fue otorgado el apéndice motivó que un gran sector del contingente la protestara y el diestro capitalino la tuvo que dar a su cuadrilla para recorrer el anillo entre la ovación.

Ya en el quinto de la tarde, que le correspondió a Uriel Moreno El Zapata y que resultó un burel con recorrido y bravura, el torero tlaxcalteca lanceó variado, colocó banderillas de manera espectacular, a tal grado que dio una vuelta al ruedo tras ejecutar el par de su creación, el Monumental; inició su faena de muleta con tres péndulos, después pasó algo de fatigas y se repuso para coronar de certero estoconazo y obtener la petición del apéndice, pero al juez le pareció que era merecedor de dos orejas y en respuesta, el público protestó enérgicamente.

Ya para el final del festejo y luego de no poder alcanzar el triunfo con los toros de su lote, El Fandi regaló un séptimo toro, en el que desde que se abrió de capa tuvo mucha voluntad, cubrió el segundo tercio con derroche de facultades físicas y vivió momentos sublimes ante un burel con mucha nobleza, pero poca bravura.

El toro, de nombre Bomboncito, marcado con el número 50 y con 477 kilogramos de peso, acudía a los cites con bondad, nobleza y clase, pero tuvo tendencia a refugiarse en las tablas y no fue al encuentro con el caballo más que una vez. Sin embargo, el juez terminó por indultarlo y un nutrido grupo de asistentes,terminó por reprochar su decisión.

En el segundo de la tarde, El Zapata cubrió los tres tercios, el picador César Morales saludó en el tercio tras un excelente puyazo y el torero hizo lo propio al término de su labor. Pizarro escuchó palmas en el cuarto, un toro áspero, y El Fandi escuchó palmas luego de pasaportar a los toros de su lote que no se prestaron para el lucimiento.