Luego de 14 sanciones económicas por parte de la FIFA, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) ha gastado más de 3 millones de pesos a causa del grito homofóbico y, además del aspecto financiero, se puede escalar a temas deportivos.

Si sigue el grito, las penalizaciones pueden ser: disputar partidos a puerta cerrada, quitar puntos a la Selección, incluso quedarse sin el Mundial de Qatar 2022.

La FMF busca un plan de acción que acabe con el grito. Por ello, anunciaron un convenio de colaboración con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) para emprender acciones que erradiquen el grito.

“Vamos a acompañar a la Federación en la realización de un diagnóstico sobre las condiciones de discriminación y desigualdad que permitirá crear una estrategia apropiada con la realidad de nuestro país. El Conapred acompañará a la Federación durante todo el proceso. Nosotros aportamos asistencia técnica, capacitación, acciones de comunicación y acompañamiento. La posibilidad de realizar un cambio cultural juntando la no discriminación con el futbol”, expresó Alexandra Haas, presidenta del Conapred.

Un plan de desarrollo que comenzó como prueba en el amistoso de la Selección Mexicana contra Trinidad y Tobago en Toluca el pasado 2 de octubre. En la Liga MX se aplicarán las siguientes medidas de control a partir de la jornada 15.

-Primera incidencia: prevención por el sonido local del estadio.

-Segunda: sacar del estadio a los aficionados que realizaron el grito.

-Tercera: se suspenderá el partido por un tiempo determinado.

-Cuarta: multa al equipo de los aficionados y próximo partido se juega a puerta cerrada.

“No es suficiente la penalización para implementar un cambio que debe ser sistemático y un problema que va más allá del estadio. No le veo mucho futuro reducirlo a elementos punitivos. Me parece más consecuente buscar mediante la reubicación de las prácticas que tenemos los varones en torno a la masculinidad desde lo verbal hasta actitudes corporales, para apelar a una forma más integral. Las penalizaciones deben formar parte de, pero no me parece la vía formal a la cual acudir”, dijo a El Economista, el sociólogo Sergio Varela.

Sanciones directas al aficionado, quienes en ocasiones comprenden el grito como parte de una broma o chiste, generan una interrogante sobre la capacidad de entender el fondo del problema o desde dónde es generada la acción, porque: ¿cómo concientizar a un individuo que no entiende, ni se le ha explicado la raíz del problema?

Como lo expresa Jezreel Salazar, licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, en su ensayo “¡Eh, puto! Futbol y masculinidad: sensibilidades proscritas”.

“Recuerdo que la primera vez que lo escuché en una transmisión televisiva me pareció divertido y no cuestioné lo que escuchaba. Quizá por eso estoy de acuerdo en que muchos de quienes, desde las gradas lo gritan, no lo hacen necesariamente con clara y consciente intención discriminatoria”.

“Pero también me parece que en un país tan violento, nos hemos vuelto incapaces de percibir la agresividad porque está ya muy naturalizada. Y ante la gravedad de nuestro contexto, un ejercicio autocrítico es fundamental para comprender las implicaciones profundas que se hallan detrás del lenguaje que utilizamos y justificamos incluso por omisión”.

En la última encuesta nacional sobre discriminación respecto a la sexualidad realizada en el 2010, cuatro de cada 10 mexicanos no estaban dispuestos a vivir en su casa con personas homosexuales.

Como en la mayoría de problemas sociales, hay que involucrar al sistema escolar para combatir el grito con alternativas sistemáticas.