La victoria del Indios del Bóer —el equipo más ganador del Campeonato Nacional de Beisbol Superior de Nicaragua— pasó casi inadvertida. En el partido en el que enfrentó al Cañoneros de Madriz y que marcó el inicio de la segunda vuelta del certamen, sólo se escuchaban las voces de los jugadores, managers, ampáyer y de los contados miembros de la prensa que cubrieron el encuentro; nunca de los aficionados. En las 15,000 gradas del estadio había pocos asientos ocupados y parecía que el encuentro se desarrollaba a puerta cerrada.

Pero no era así.

El público no asistió al partido por miedo a ser robados, encarcelados o asesinados por los grupos de parapoliciales que aparecieron desde abril pasado, cuando un conjunto de estudiantes se manifestó en contra de las reformas en las pensiones del Instituto Nicaragüense del Seguro Social.

Las protestas fueron reprimidas por la policía en conjunto con esos grupos, que mantuvieron su presencia en las calles hasta el día de hoy y que han cobrado la vida de al menos 300 personas y han herido a más de 1,200.

Los nicaragüenses no sólo se han alejado de los estadios de beisbol, cuenta Letzira Sevilla —periodista del periódico El Nuevo Diario de ese país— también lo han hecho de los de futbol por las mismas razones y de otros eventos masivos. Temen por su vida.

—¿Cuál es la postura de los deportistas ante la situación del país?

—La mayoría prefiere mantenerse al margen, porque tienen miedo de ser perjudicados si hablan. Casi todos los deportistas o exdeportistas, directa o indirectamente, son apoyados por el gobierno del presidente Daniel Ortega, responde Sevilla.

—¿No hay ninguno que esté en contra?

—Contados, pero resalta uno: Dennis Martínez.

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En la historia de las Grandes Ligas, sólo se han lanzado 23 juegos perfectos (un partido en el que un pitcher —en un mínimo de nueve entradas— impide que los bateadores rivales le conecten un imparable, carrera y base por bolas y, en el que además, obtiene la victoria). El 28 de julio de 1991, Martínez se convirtió en el primer pitcher latinoamericano —y en el decimotercero de toda la historia— en lograrlo, en el triunfo de sus Expos de Montreal ante el Dodgers de Los Ángeles.

El pelotero es reconocido como el mejor nicaragüense que ha jugado en la historia de Las Mayores. Por eso, en octubre pasado fue homenajeado en Managua cuando bautizaron al Estadio Nacional de Nicaragua con su nombre. El inmueble es el mismo que albergó la victoria del Indios del Bóer.

Martínez acepta hablar con El Economista desde Estados Unidos, donde vive actualmente. La última vez que visitó su país fue a mediados de marzo y dice que no ha podido volver debido a la crisis que sufre la nación centroamericana.

—¿Qué piensa de la crisis de Nicaragua?

—Los nicaragüenses no deberíamos estar en esta situación, necesitamos estar en mejores condiciones y tener un mejor desarrollo en muchos aspectos. Esto es como regresar al pasado. El país sufre en materias de economía, seguridad y por supuesto en el deporte, que ha sido afectado al grado que la sede del Mundial Sub-23 de beisbol la perdimos y se la dieron a Colombia. Son situaciones que afectan al país internacionalmente, porque esa es la cara que mostramos a todo el mundo.

—¿Qué opina del gobierno del presidente Ortega?

—No estoy de acuerdo con los procedimientos que está realizando. Hay una fuerza parapolicial que no debería estar en el país, que oprime al pueblo y que es totalmente condenable. Las únicas instituciones que deberían mantener el orden son la policía y el Ejército.

Pondré un ejemplo: cuando vivía mis últimos días como pitcher abridor, pude seguir jugando como relevista. Pero entendí que hay un momento exacto en el que el jugador debe retirarse, no extenderse más de la cuenta. En Nicaragua es el mismo caso para algunos gobernantes. Si el pueblo dice que no lo están haciendo bien, deben escucharlo.

—Las elecciones presidenciales ¿deberían adelantarse a este año?

—Es viable, porque el pueblo está sufriendo. No podemos volver a retroceder 40 o 50 años, porque el país está a tiempo de recuperarse y no podemos permitir que haya más muertos y que sigan los niveles de desempleo actuales. Es inaceptable, no se puede vivir así. Unas elecciones constitucionales adelantadas se pueden lograr, porque el pueblo, que es el que manda, las está pidiendo.

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El Premundial Sub-17 femenil de la Concacaf se disputó en el Estadio Nacional de Nicaragua a partir del 19 de abril pasado, el mismo día que estallaron las protestas de los estudiantes y que los enfrentó con la policía nicaragüense. Fue un evento insostenible. Días después y con una sola jornada disputada, el organismo decidió trasladar el torneo a Bradenton, Estados Unidos, para salvaguardar la salud de las jugadoras y el resto de los integrantes que participaban en el torneo.

La cancelación del certamen llamó la atención de la Asociación de Futbol Argentino (AFA), que tenía pactado un amistoso con Nicaragua en Buenos Aires que serviría como la despedida de la albiceleste rumbo al Mundial de Rusia 2018. Pero a la semana siguiente de la retirada de la Concacaf, la AFA decidió cancelar el partido “por la crisis social que atraviesa el país”.

El periódico nicaragüense El Nuevo Diario había calificado el encuentro como el más importante en la historia del país.

“La situación también ha afectado algunos clubes. El Walter Ferretti no puede jugar sus partidos de local de la Liga de Concacaf por la crisis. Pidió trasladar sus partidos en casa a la cancha del Alajuelense de Costa Rica, pero los costarricenses decidieron negarles el permiso porque no pagaron la renta del campo a tiempo. Pero también surgió la versión de que se negaron porque el equipo es propiedad de la policía y no quieren estar ligados con ellos”, cuenta Sevilla.

Martínez explica que en la Liga de beisbol nicaragüense tiene un perfil de pelota amateur, por lo que los peloteros no deberían cobrar. Sin embargo, dice que los jugadores reciben incentivos económicos por parte del gobierno, porque éste patrocina al torneo. “No debería ser así, es otra de las cosas en la que no estoy de acuerdo”, dice.

Julio Sánchez —mánager de la Selección nicaragüense en los pasados Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla— alterna el beisbol como Comisionado Mayor en la policía de su país. El pasado 24 de julio calificó, en el diario El Universal, las protestas en las calles de Managua como “normales” y culpó a la situación social que vive el país de no permitir una buena preparación para su Selección, que terminó en quinto lugar en el torneo.

Los problemas no sólo a afectan a los deportistas, equipos y selecciones, también se extienden a los integrantes de los medios de comunicación que los cubren.

Yader Valle —cronista de Radio Corporación, una de las radiodifusoras más importantes de Nicaragua— fue declarado como persona non grata en el estadio Dennis Martínez el sábado pasado, luego de que replicara señalamientos de un grupo de civiles que denunciaban que el inmueble fue utilizado como un punto de ataque de parapolicías y policías en contra de los integrantes de las manifestaciones estudiantiles.

La junta directiva del estadio Dennis Martínez informó mediante un comunicado —del que El Economista tiene una copia— que no permitirá la entrada de Valle debido a “la sistemática campaña de desprestigio, llena de odio y calumnias” en contra de los directivos del inmueble.

Sevilla, por su parte, cuenta que el pasado viernes 27 de julio no pudo entrar a las instalaciones de El Nuevo Diario debido a que un grupo de encapuchados armados le apuntó y le exigió que se retirara del lugar.

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Román Chocolatito González se convirtió en uno de los boxeadores más importantes y queridos por la población nicaragüense a partir del 2010. Se ganó esa etiqueta porque se convirtió en el mejor peleador de los pesos ligeros en lo que va de la década y porque fue discípulo de Alexis Argüello, el mejor peleador nicaragüense de la historia. Cuando él subía al ring, el país se paralizaba para verlo.

Pero eso cambió en los últimos años.

González apareció en el 2011 con una bandera con la leyenda “Yo amo al FSLN” referente al Frente Sandinista de Liberación Nacional, partido político de izquierda al que pertenece el presidente Ortega. Y tres años más tarde, Milton, su hermano, fue declarado inocente de tráfico de cocaína, luego de que la Fiscalía nicaragüense informara que lo que transportaba era talco y no droga.

Estos episodios cambiaron radicalmente la postura de un sector de la población nicaragüense con el boxeador. La sombra de que recibía favores políticos era evidente para sus seguidores.

“En los últimos años se transformó de ser amado a odiado. La mayoría de la gente, por su simpatía con Ortega, quiere que pierda las peleas. Sienten que traicionó al pueblo”, afirma Sevilla.

El mexicano Moisés Fuentes —su rival para su pelea el 15 de septiembre— declaró al diario La Prensa de ese país, que se sorprendió por la cantidad de mensajes de apoyo de la gente nicaragüense. Todos quieren que le gane a su exídolo. “Dios está enojado por las malas decisiones del Chocolatito”, mencionó.

En las redes sociales de González, como Instagram, ha impedido que sus seguidores puedan comentar sus publicaciones. Sin embargo, hasta a principio de año aún estaba habilitada esta opción. Mientras algunos de sus seguidores lo alentaban, otros lo insultaban y destacaban su simpatía con el presidente.

“Históricamente, los deportistas nicaragüenses no han sido reaccionarios contra el gobierno. Al contrario, algunos hasta han tenido cargos públicos. Como el caso de Argüello, quien fue alcalde de Managua por el Frente Sandinista de Liberación Nacional”, señala Adalberto Santana, doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

En Nicaragua, la crisis sociopolítica se extendió a las entrañas de su deporte.